10 nov. 2013

Cita con el destino (a falta de mejor título).


Esta mañana pasaba por una carretera comarcal en coche y una aldeana esperó para cruzar justo detrás de mí. Me entretuve en mirarla por el espejo retrovisor y vi como se santiguaba mientras me seguía con la mirada.

No era el santiguarse egoista del delantero que le pide a Dios un gol. Al contrario, me pareció un santiguarse piadoso y compasivo. Un santiguarse tétrico. Y como lo hizo mirándome me inquietó. Por un momento imaginé que podría tratarse de un gesto premonitorio, como si ella supiese que poco más adelante iba a ocurrir algo terrible. Por las mañanas aún no le tengo miedo a la muerte y no temí por mi vida, pero esa carretera está plagada de ciclistas y a lo mejor mi destino era llevarme a uno por delante.

El susto me duró dos curvas. Es lo que pasa siempre con estos pensamientos tontos.

Unos cuantos kilómetros más adelante me encontré coches y Guardia Civil invadiendo mi carril. ¡Coño, qué mala suerte! Justo ahora que me falta el recibo del impuesto muncipal (me lo envían por Correo) y que tengo caducada la ITV, precisamente por faltarme esa documentación. Me volví a inquietar, esta vez por motivos mucho menos exotéricos.

Pero según me fui acercando, sin posibilidad ninguna de darles esquinazo, me di cuenta de que no se trataba de un control. La policía estaba custidiando un cuerpo tendido en la cuneta y cubierto por una sábana.

Resoplé, aún sigo preguntándome si por el impacto de ver un cadáver o si por la tranquilidad de saber que no me iban a multar. Me inquieta pensarlo.

El incidente me obligó a dar una vuelta larga y a volver a pasar por dónde había cruzado la señora. Lógicamente no estaba (en su lugar había unas gallinas que no pintan nada en el relato como tampoco pintaban nada en el arcén. Muy raro, probablemente se habían escapado).

Quizá esa mujer se santigua siempre al cruzar, como el futbolista al tirar el penalti, y simplemente me siguió con la mirada de forma intuitiva.

Pero quizá no, quizá simplemente se equivocó de coche. 

21 oct. 2013

Niños, no es lo mismo ser demócrata que ser justo.


Ahora que ya sabéis lo que es democracia y ser demócrata, tengo que aclararos algo que parece que casi nadie entiende pero que es muy importante: ser demócrata no siempre significa ser justo.

- Papá, pero si tu dijiste que ser demócrata es bueno.

Y lo es, lo es, pero os pongo un ejemplo muy fácil para que lo entendáis: si diez niños le dais una paliza a uno, eso es democrático, porque los 10 sois mayoría y os habéis puesto de acuerdo contra la opinión de uno sólo. Sois además una amplia mayoría. Pero pelearse 10 contra 1 no es justo, ¿verdad?

- Qué pasa papá, ¿que los demócratas pegan a los demás?

No, pero a veces la gente está equivocada, o la han engañado, o tiene miedo. Y hace cosas injustas como condenar a inocentes, eligir gobernantes sinvergüenzas, ser insolidarios, escuchar a Melendi…

A veces, los que son mayoría en un grupo pequeño se quedan en minoría si ampliamos el grupo. Por eso en Tordesillas la mayoría está a favor lancear toros, pero si ampliamos al resto del mundo civilizado, probablemente se quedarían en minoría.

Otras veces lo que es mayoría en un momento deja de serlo cuando pasa el tiempo. Antes la mayoría quería que las mujeres no trabajaran ni condujeran ni usaran dinero, y ahora la mayoría sí lo quiere. Igualmente puede ocurrir que lo que ahora es mayoría, dentro de 40 años no lo sea.

Pero todo eso es muy difícil de ver para la mayoría, que lo que le gusta es ver los programas de Belén Esteban. Espero que al menos en este caso vosotros seáis de la minoría.

- Y papá, ¿qué es mejor, ser demócrata o ser justo?
- Ehhh, ¡venga, se acabó la cháchara! Todos a la cama.
- ¿Por quéeeee?
- ¡Porque lo digo yo y basta!

17 oct. 2013

Tengo un nombre bueno para el SEO

- Hola, me llamo Ataulfo y soy raro.

Así me sentí yo durante toda mi infancia. Vivía con horror cada vez que iniciaba un nuevo curso y pasaban lista. No penséis que ocurría sólo en el cole, donde en realidad sólo se cambia de compañeros 4 o 5 veces en la vida. Qué va, a lo largo de la niñez hay un montón de cursos de música, inglés, cursillos de natación, de tenis, campamentos, excursiones, catequesis, etc. etc. etc. en las que te presentan por primera vez y todo el mundo se gira para observar con más detenimiento a ese curioso especimen al que han dado en denominar Ataulfo. Ataulfo Arróspide, para más INRI (Arróspide será habitual en el País Vasco, pero en Asturias es el complemento perfecto).

Yo me sentía observado, señalado, estigmatizado y raro. El nombre es es lo más propio que tienes, lo que te designa, te distingue, te reconoce, y un nombre raro sólo puede designar a una persona rara. Los ornitorrincos son raros. Los Ataulfos son raros, mucho más que los albinos o los zurdos.

Durante años odié a mis padres por ello y especialmente a mi padre, que también se llama Ataulfo y está orgulloso de ello. Él nació en tiempos de la dictadura y tuvo que añadir un nombre presente en el santoral (la Iglesia, siempre cuidando a los desprotegidos), por lo que su verdadero nombre es Ataulfo Luis, pero a todos los efectos es Ataulfo. ¡Ay, si yo hubiese tenido ese as en la manga! Ahora sólo me llamaría Ataulfo mi madre.

Siempre envidié a los Ignacios, a los Pedros, a los Fernandos, los Alejandros, los Pablos, los Álvaros... Alguien que envidia a todo el mundo tiene que ser por fuerza un raro.

Con los años fui superando el trauma, no porque yo me acostumbrara, que no me acostumbro, sino porque los adultos son más discretos y menos crueles que los niños y las presentaciones se viven con más naturalidad. Incluso llegó el momento en el que la singularidad de mi nombre daba pie a rellenar esos primeros minutos de conversación en la disco. Vamos, que ayudaba a ligar.

De todas formas sigo imaginando como una pesadilla ese momento en el que un presentador me sorprende por la calle micrófono en mano (Lo Sabe No Lo Sabe, pongamos por ejemplo) y me pregunta delante de toda España:

- ¿Cómo te llamas?

Lo que para otros sería un puro trámite, en mi caso se convertiría en todo un acontecimiento televisivo que canibalizaría el resto del contenido del programa y probablemente de la cadena. Un horror.

Mucho más habitual (lo otro aún no me ha pasado) ocurre cuando vamos a un 100 Montaditos, esa franquicia en la que haces el pedido en caja, dejas tu nombre y te llaman por micrófono cuando está listo. A veces he pensado en mentir y quizá lo he hecho, pero poco, porque no sé mentir. La mayoría de las veces intento que pague otro. No es racanería, es pudor.

Pero lo que ni yo ni mis padres podrían imaginar hace 41 años es que un día llegaría una cosa llamada Internet, que con ella llegaría Google, las búsquedas, el posicionamiento y el SEO. Y ha sido gracias a ello cuando por primera vez me siento un privilegiado frente a los Ignacios González (a bote pronto me vienen 3 a la cabeza), a los Pablos García o a los Alejandros González. 

En la era de la información mi sufrimiento ha sido compensado y ahora soy yo quien les mira con altanería, soberbia y superioridad. ¡¡Mi nombre es SEO!! y si lo introduces en el buscador aparezco como primera y única opción en páginas y páginas de resultados. Y eso es realmente interesante porque ¿quién no ha buscado gente en Google alguna vez para saber más sobre ellos? Y la tendencia natural (errónea pero natural) es pensar que alguien que está en las primeras páginas es importante o ha hecho algo importante. Y si no lo encuentras es que es un mindundi incapaz de dejar su huella digital en la vida.


Para no confundirme con mi padre adopté la abreviación Ata (que también era como terminaba llamándome todo el mundo) y si pones Ata Arróspide en los buscadores, ¿quién aparece?



Menuda tontería, pensaréis, pero si te llamas Alberto García y quieres aparecer en las primeras páginas tienes que montar una muy gorda cada 3 o 4 meses. Si te relajas siempre habrá otro Alberto García dispuesto a ocupar tu puesto con cualquier tontería de mención en un diario local o en prensa especializada de su sector. Pero a mí me vale con cualquier cosa. La única premisa es que Google se entere y eso es fácil. Puedo ganar el campeonato de petanca de mi casa o ser el segundo ayudante del que lleva las bebidas en un cortometraje. Si se publica, salgo.

¡¡Chupaos esa!!

16 oct. 2013

Miércoles Mudo: ¡¡la pasta!!


10 oct. 2013

Animalito o filete. El gran dilema

Desde que vivimos en el campo disfruto muchísimo cuando salgo a dar paseos con los niños y volvemos a casa fartucos (henchidos) de moras, manzanas, avellanas, figos (sustitúyase la f por h para castellanizar) y pronto serán también nueces, castañas, etc. No es que vivamos en la selva ni mucho menos, pero ha servido para que los peques interioricen que las frutas salen de los árboles, no del Mercadona.

Y por supuesto han entrado en contacto con las vacas. Esos animalotes son tan vulgares aquí, que cuando yo era pequeño me costaba entender que llamasen tanto la atención de los foráneos. Recuerdo la estupefacción que me causaba ver como un coche (con matrícula empezando por M, por ejemplo) se paraba en medio de la carretera para hacerle fotos a una vaca. ¡¡A una vaca!!, ni que  fuera un tigre albino o un oso panda. Ahora entiendo que un niño hindú pensará lo mismo cuando un turista fotografía a un elefante.


Pero a lo que voy, que me disperso, precisamente con las vacas me ha surgido un dilema. Theo está encantado con las que viven alrededor de casa. Dice que de mayor quiere ser veterinario, se ha hecho amigo del ganadero y se sabe los nombres de sus cornudas vecinas, incluso ha bautizado ya a un par de terneros, aquí xatos (pronúnciese algo parecido a shiatos) que nacieron días atrás.

Hasta aquí muy bien. El respeto por los animales está dentro de lo que considero normal en una persona sana y equilibrada (autoexclúyanse de aquí quienes quieran, pero sin atribuirlo por favor a interpretaciones absurdas del patriotismo).

Dichos terneros, xatinos, son dos tiernas (y ya empezamos con adjetivos que invitan a la doble interpretación) criaturas de raza asturiana, pelirojos y juguetones, mucho más guapos y adorables que sus orondas y parsimoniosas madres. Son una alegría para la vista, dan ganas de comerlos (otra vez), pero algún día desaparecerán de nuestro prau porque habrán emprendido su camino hacia la carnicería.

¡¿Y cómo le explico yo esto a mi hijo de 6 años, que les ha cogido afecto?!, ¿está él preparado para entender que sus "casi mascotas" son animales domésticos, destinados al consumo humano? Siempre me viene a la cabeza la historia oída mil veces de la madre que guisó el conejito de su hijo, y que para él fue un trauma que aún recuerda de adulto.


A lo mejor está sólo en mi cabeza y Theo lo ve con normalidad. Ayer mismo me señaló a una vaca de tipo holandés (las blancas y negras), diciendo que era una "lechera", mientras que las otras eran "de carne".

Diréis que soy un poco flojo, que en casa siempre hemos comido carne de ternera y que él ya tendría que haber relacionado. Pero pienso que puede ser como el tema de los reyes magos, que por más indicios que un niño tenga de que eso no puede ser, se lo siguen tragando sin hacerse preguntas, hasta que llega el descubrimiento y consustancial desilusión. Así que, de momento, le he pedido al ganadero que sea prudente y parco en explicaciones, para ahorrarle el disgusto... de momento.








2 oct. 2013

Miércoles Mudo: Dónde hay desenfoque hay alegría


23 sept. 2013

Hay elecciones todos los días

No hay que esperar 4 años a votar en unas elecciones, porque todos los días tenemos elecciones con las que podemos dar nuestro voto a quienes nos gustan y quitárselo a quienes no. Todos los días tenemos la elección de consumir una y otra cosa, y con ello influir en el bolsillo de los que mandan, que es donde más les duele.

Post completo publicado en la Fundición Príncipe de Astucias.









18 sept. 2013

11 sept. 2013

Miércoles Mudo: Sin Ideas


5 sept. 2013

Tienda de Pasiones


Hace unos años trabajé en La Tienda de Campañas, una extinta agencia de publicidad en la que mis compañeros y yo nos dejamos el pellejo, para descubrir finalmente que sus dos dueños eran unos sinvergüenzas (un caradura el uno, y un estafador con tintes paranoides el otro). Hoy, haciendo limpieza en un disco duro, he encontrado este minirrelato que refleja con fidelidad una de las tramas a las que asistíamos perplejos mientras nuestro esfuerzo y nuestros puestos de trabajo se iban al garete. Sinceramente, no sé si será inteligible para quienes no vivieron aquella situación, pero me ha hecho gracia el reencuentro y aquí lo dejo. Cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia.

Tienda de Pasiones. Cap. 1 Contrato de Amor.

Ariel Raza entró en la oficina y se dirigió directamente a su despacho. Cabizbajo, esquivando miradas y sin apenas saludar; tan sólo un susurrado e inaudible pasa picha.

En la mesa de reuniones, una bandeja con restos de Julianillos del Collado le ayudó a comprender que su amante, Karen, había pasado la noche en su casa, con su esposo.

¡¿Pero, por qué?! - (pensaba) - ¿acaso no doy la talla?, ¿de que sirven mis relaciones, mi olfato para los negocios, mi linaje?

Ariel estaba cabreado, fuera de sí. 

En la bandeja del Outlook varios asuntos menores reclamaban urgentemente su atención: proveedores exigiendo el pago de deudas millonarias, un par de proyectos yéndose al traste, un pufo de 80.000 euros, la pensión alimenticia de sus hijas… pero antes, Ariel tenía que hacer algo para reforzar su autoestima.

Llamó a Karen a su despacho y con tono autoritario y algo despectivo la obligó a contratar, sí o sí, a un técnico de sonido para el extraño proyecto que se traía entre manos con la Federación de Sordos de Huelva: contrato fijo a jornada completa, con dietas, chofer y móvil tribanda.

La machada surgió su efecto y tras una tormentosa discusión, en la que añadió secretaria bilingüe al encargo, llegaría la calma y la reconciliación con Karen: cena y noche de hotel incluidos a cargo de la tarjeta de empresa. Siempre ocurría igual.

En ese momento, Veracruz Angustaiga entró en el despacho decidida a hablar en serio sobre cualquiera de los innumerables problemas que asfixiaban a la empresa:

- ¡Ariel, esto no puede seguir así!
- Tranquila, yo me encargo.

Ariel había recuperado la seguridad en sí mismo. 

- No continuará... - 


18 ago. 2013

El desenlace de mi idilio con la Chica de Legálitas

Hace unas semanas os hablaba de mi historia de amor-odio con La Chica de Legálitas. Aunque algún tontorrón no se enteró (ver los comentarios de los sabiondos de turno en Menéame), el post era una reflexión irónica sobre cómo muchas personas hacen suyos los valores de la empresa para la que trabajan, y defienden decisiones que probablemente les daría vergüenza defender si, por ejemplo, el negocio fuese suyo. Hay una especie de "descarga de responsabilidad" hacia la compañía, que yo mismo he sentido cuando trabajaba para multinacionales.

Evidentemente hay empresas con comportamientos sociales mejores y peores, pero al final, quienes dan forma a esos comportamientos son empleados normales como tú y como yo. Personas honestas y encantadoras que jamás engañarían a nadie en su vida privada, pero que no se lo plantean cuando tienen que vender unas preferentes dudosas (si trabajan en un banco), o distraer a un cliente estafado (si trabajan en el servicio de atención al cliente de una operadora de telefonía), o en diseñar ofertas engañosas y confusas (si como yo, trabajan en marketing). Trabajo bien hecho y conciencia tranquila. Ya está.

Inciso: Para quien no sepa de qué estoy hablando, hago un breve resumen de lo que me pasó con Legálitas: quería darme de baja pero se me pasó el plazo para comunicarlo. Cuando llegó el cargo a la tarjeta de crédito les llamé para pedirles por favor que lo cancelaran, que no quería seguir, que era mi error y pagaría el coste de la devolución (si lo hubiese), pero la chica con la que hablé se negó. Y no sólo se negó, sino que intentó hacerme comulgar con ruedas de molino, tratando de convencerme de que lo que pedía era imposible y poco menos que ridículo. Como si los demás no hubiéramos tenido que rectificar o anular pedidos, siempre que no hayan ocasionado perjuicios o haya visos de intento de estafa. En fin, que no le salió de los huevos y legalmente las tenía todas consigo.

En teoría, un comportamiento social elegante es bueno para la imagen de cualquier marca, aunque muchas veces es más fácil quitarse el muerto de encima, a sabiendas de que la cosa se va a quedar ahí. Pero la llegada de las redes sociales le han dado otra nueva dimensión al marketing y a las relaciones de las marcas con la sociedad, en cuanto que los clientes pueden quejarse públicamente con mucha mayor visibilidad.

¿Qué paso? Pues que alguien (no sé quién, lo juro) colgó mi post en Menéame bajo el sugerente titulo de El timo de Legálitas, y que después otro alguien a quién no tengo el gusto de conocer, nos mencionó a mí y a Legálitas en un tuit a colación del dichoso meneo.

Así, los responsables de RRSS de Legálitas se enteraron del caso y al final han terminado devolviéndome la cuota del año que viene. 

Desde aquí quiero dar las gracias a quién corresponda. No olvido que la causa de todo esto fue mi olvido, pero creo que éticamente Legálitas ha hecho lo que tenía que hacer. Gracias, insisto.

E invito también a cualquier empleado en general, y a los responsables de atención al cliente en particular, a que saquen algo en limpio de este caso. ¿Por qué esperar a que haya repercusión en las redes sociales para tener comportamientos elegantes?


14 ago. 2013

Miércoles Mudo: con 6 años coche no: tractor


24 jul. 2013

Meteoroholics


He subido la imagen, pero no pienso fijarme en lo que pone.

Hay gente que vive enganchada al parte meteorológico. No lo entiendo.

Salvo que seas espía doble o aventurero, lo normal es que un día normal sea una sucesión de rutinas previsibles y anodinas, por eso es una pena conocer de antemano una de las pocas incertidumbres que te pueden deparar las próximas horas.

Aunque es muchas veces previsible, cada vez que amanece hay lugar para la curiosidad, la ilusión y la sorpresa: ¿cómo será hoy?, ¿un luminoso día de sol, de los que invita a salir y disfrutar de la calle, la gente, la vida?, ¿o será un melancólico día otoñal, de esos en los que apetece acurrucarse en el sofá con una taza de algo caliente?, ¿tocará un inquietante día de nubes y claros, de esos en los que cada hora es distinta a la anterior?, ¿o hará un fuerte viento de los que te despeina la melena y te hace sentir más vivo?

Los meteoroholics se pierden todo esto. Necesitan saber el tiempo que hará hoy, mañana, el fin de semana, la semana que viene... Lo necesitan los días laborables, los festivos, las vacaciones. Es como una adicción.

Allá vosotros, yo sólo os pido una cosa: no me lo contéis. No lo quiero saber. Dejadme vivir con mi pequeña incertidumbre. Si yo nunca os desvelaría el final del libro, no me hagáis vosotros lo mismo con el tiempo.

Gracias.

8 jul. 2013

La chica de Legálitas: historia de una traición


Actualización: Legálitas rectifica y me devuelve la cuota.

El otro día hablé por teléfono con una chica de Legálitas. Fue una conversación como las que tienen los amantes, intensa, llena de emociones y altibajos, plagada de reproches y reencuentros. Pero al final, la chica de Legálitas me dejó con un palmo de narices. Me pregunto cómo hubiera terminado todo si la chica de Legálitas fuera simplemente “la chica”.

Os pongo en antecedentes. Legálitas se llama así, y no Éticas, por algo. En los últimos meses no tenía más contacto con ellos que las llamadas comerciales ofreciéndome nuevas coberturas, y que sólo servían para darme cuenta de que el servicio por el que estaba pagando no incluía dichas coberturas.

- Buenos días, por ser nuestro cliente chupi queremos ofrecerle la nueva cobertura legal para asuntos de Tráfico. Son sólo x€/mes más.
- Anda, pues yo creía que con lo que pago me prestaban asistencia legal sin distinguir asunto o contrincante.
- Bueno sí, pero es que precisamente lo de Tráfico va a parte…
- Ah! (intúyase aquí mi cara de tonto)

El caso es que ya no me merecen la pena porque es básicamente un servicio de consulta, y si al final hay algún asunto que requiere apoyo legal serio, acabas teniendo que pagar a un abogado igualmente (aún sigo esperando que Vodafone, por poner un ejemplo, me devuelva el dinero que me debe). Así que cuando el banco me ofreció un servicio de asesoría jurídica aproveché la última de esas llamadas comerciales para decirles que me quería dar de baja. Pero como faltaban aún unos meses para renovar el contrato, la comercial (muy hábilmente) postpuso la gestión para cuando llegase el momento. ¿Estará “grabada esta llamada para mejorar el servicio”? Pa mí que no.

Cuando llegó el momento de renovar, se me olvidó y así descubrí que Legálitas son unos pillos:

1.- Primero porque no te avisan.
2.- Y segundo porque los muy cucos te lo cargan en la tarjeta de crédito, de tal forma que si has olvidado comunicar la baja (como fue mi caso), ya no hay forma humana de solucionarlo o de devolver el recibo.

Bueno, “sí hay forma humana”, pensé: tan sencillo como llamar y contarle a algún humano que me quiero dar de baja, que perdonen mi despiste, que correría con los gastos de la devolución incluso con el mes en curso. “Después de todo, sólo han pasado unos días y en los últimos meses no he utilizado para nada el servicio”.

Y así fue como llamé. Primero al 91 837 38 14, pero allí me dijeron que tenía que llamar al 902… esto debió darme una pista de la clase de chica con la que iba a hablar, y de que quizá su atención no iba a ser del todo sincera y desinteresada. Pero como yo sigo creyendo en la gente, llamé al 902.

Tras unos minutos de entretenimiento me pasaron por fin con la chica de Legálitas. Su voz era muy agradable, no voy a decir que tenía un tono cantarín, pero me la imaginaba guapa, educada y sonriente al otro lado de la línea. Eso me hizo pensar que todo iba a ser tan fácil como debería ser y que no habría ninguna pega, tan solo las gestiones y comprobaciones de rigor.

Después de todo, cualquiera que tenga un negocio o que haya trabajado para clientes sabe que las devoluciones son comunes y que mientras no te supongan ningún coste, es perfectamente natural y factible anular un pedido, un contrato o una suscripción. Y más fácil aún para Legálitas, supuestamente expertos en solucionar problemas mucho más gordos (ja).

Pero lo primero que me dijo la chica de Legálitas me dejó helado:
- Es imposible.
- ¡¿Imposible?! Pero si es muy fácil – dije, pensando que en realidad no me había entendido bien.

Poco a poco me fui dando cuenta de que con “imposible” lo que realmente quería decir era “no me da la gana”. La chica de Legálitas es así, que te dice las cosas de una manera más suave para intentar no herirte.

Pero como una cosa son las cosas del querer y otra cosa son las cosas del poder, y yo no quiero regalarles casi 20€/mes a cambio de nada, insistí: "¿cómo que no se puede?"

Entonces la chica de Legálitas utilizó la típica y conocida estrategia del reproche:

- Tenías que haberme avisado antes.
- ¿Quién lo ha dicho?
- Está en nuestro contrato.
- ¿Qué contrato?
- El que está en mi web…

No me lo podía creer. Le estaba diciendo que quería dejarlo porque no estaba contento con ella, y ella me contestaba que era imposible, que teníamos que seguir un año y que todo era CULPA MÍA por no haberla avisado con tiempo.

Yo estaba muy dolido y entonces le eché en cara ese tipo de cosas que se echan en cara cuando uno está dolido y que no hacen más que empeorar la situación:

- ¡Sí, será culpa mía, pero tú tampoco eres una santa!, porque ya sabías que no estaba a gusto y deberías haberme avisado – estaba enfadado y le solté todo lo que llevaba dentro – Desde que estamos juntos nunca me has enviado facturas, sólo me llamas para intentar sacarme más dinero, y lo de cargármelo directamente a la tarjeta para que no pueda devolver el recibo demuestra muy mala leche, ¡esto lo tenías planeado desde el principio!

Todo este tipo de cosas las fui diciendo sin darme cuenta de que estaba hablando con un 902 y de que la llamada la pagaba yo.

La chica de Legálitas siguió manejándome a su antojo: a veces se hacía la ofendida, otras intentaba hacerme sentir como un idiota, como si lo que le estuviese pidiendo fuese surrealista y yo haría el ridículo delante de todos nuestros amigos; a veces me doraba la píldora, e incluso llegó a regalarme un descuento sobre lo ya abonado (demostrándome así que no era IMPOSIBLE hacer una devolución).

Pero no movió un ápice su postura, que ahora, fríamente, la puedo resumir de la siguiente forma: “en algún sitio, lo suficientemente visible como para que quede constancia legal, está escrito que tienes que avisar con x tiempo de antelación. Cualquier otra consideración con respecto a las formas o la subida de precio te va a salir caro removerlo. Y como ya has pagado y el dinero es nuestro, te jodes y te aguantas. Legalmente tenemos la sartén por el mango (llama a Legálitas para que te echen una mano si quieres jajaja) y moralmente nos la trae al fresco que no quieras seguir con nosotros. Donde estén unos cuantos euros que se quite una persona contenta”.

La sensación con la que me quedé era la de que me estaba tomando el pelo. Como cuando en un bar de menú a 9€ te cobran 15 por la cerveza (lo pone en la letra pequeña, por la parte de atrás de una carta que está debajo de los periódicos de la barra). O como cuando tu hijo mayor le hace un amago de bofetada al pequeño, éste llora, y el mayor dice riéndose cínicamente “no le toqué”.

Sí, ya sé que el despiste legal es mío, pero no me avisas, no me envías factura… y sobre todo, si te estoy diciendo que no quiero seguir con lo nuestro, ¿por qué te empeñas?, ¿no ves que es una relación dañina?

Pero lo peor de todo es que todo eso me estaba pasando con ella, la chica de Legálitas, ¡mi chica de Legálitas!

Estoy seguro de que si mi chica se va a la calle (no te confíes reina, puede ser cualquier día) y monta su propio negocio, no sé, un pequeño restaurante rural en su pueblo o una tienda on line de productos caseros, su comportamiento será completamente diferente. Casi apostaría a que haría todo lo contrario y que sería de las que te avisa cuando pides de más, aunque ella salga perdiendo, o de las que te aconseja la mejor compra, aunque sea de menor cuantía.

Seguro que correría con los gastos de cualquier mal entendido, y el “la culpa es tuya” lo cambiará por “ha sido mi error”, incluso en los casos en los que el despiste es claramente del cliente y a ella le cueste dinero.

Seguro que ella es así y lo transmitiría con su propio negocio. En cambio, trabajando para terceros descarga la responsabilidad de su inmoralidad en la compañía y se va a casa tan pancha.

También me pregunto si la chica de Legálitas participa en otras actividades sin cobrar fuera del trabajo, o si tiene un blog y está muy orgullosa de hacerlo todo “desinteresadamente”; y si se siente éticamente por encima de los que andamos por ahí con nuestros negocios, a la pesca.

No lo estás reina, no lo estás ni de lejos.

En cuanto a sus jefes y accionistas, o quienes quiera que sean los responsables de contagiarle esta actitud tan miserable a la chica de Legálitas, sólo les deseo que todo el dinero del mundo que logren amasar no sea el suficiente para llenar otros vacíos en sus vidas, y que vivan con la tensión y el colesterol por las nubes.

26 jun. 2013

Me han puesto a parir, y yo les doy un premio.

Presumía un tío famoso de poner la otra mejilla, pero lo mío no se queda atrás. Junto con la bloguera más desmadrada del momento, hemos organizado un concurso de críticas donde gana quién me ponga a parir con mayor convicción. Así soy, como la chica del anuncio de farala.

El por qué de esta surrealista iniciativa hay que buscarlo en la mala interpretación de algún axioma de la comunicación, y en la mala influencia de la desmadrosa. Pero a fin de cuentas el resultado no ha sido tan malo, y ha dado lugar a algunos de los comentarios más salvajes y desvergonzados que he leído en toda mi carrera bloguera. Poneos a gusto en la taza de vuestro WC favorito y repasad todos los comentarios. Son memorables.

El desenlace del concurso lo hemos publicado en El Patuco Feo (también conocido como el blog de Noñoño). Es digno de leer.

17 jun. 2013

Yo también me vendo a una marca

Es el tema de moda después del 8J, y de ahí mi sincera aunque innecesaria confesión: yo también quiero el dinero y la fama (al menos el dinero para vivir tranquilo y la fama de persona honrada), así que me entrego al SEO y me vendo a una marca.

Me doy al SEO pero sin obSEOsionarme, simplemente repartiendo ordenadamente palabras clave, negritas, categorías, etiquetas y urls amigables. Hasta ahí llego.

Y la marca a la que me vendo es, obviamente, la mía (venga esos abucheos).

Hoy he publicado en El Patuco Feo (el blog de Noñoño) el primero de una serie de posts sobre canastillas y regalos para bebés, a ver si logro que alguna vez, cuando hagáis la búsqueda en Google, no salgan todas esas páginas similares, que provocan subidas de azúcar glass.

Eso sí, el modo “coña” lo mantengo en posición on, porque aunque Google no tiene sentido del humor y no valora los chascarrillos, sé que vosotros sí y a mí me motiva.

He hecho una lista de términos y he etiquetado y nombrado fotos hasta donde he sabido. He buscado links, autolinks, casi casi hago un plan de publicaciones (pero prefiero dedicar el tiempo a escribir que  a planificar lo que quiero escribir). Antes de todo eso, es importante decirlo, hemos hecho una ropa estupenda, un libro divertido, unas tazas muy originales y una presentación práctica y resultona. Pero ahora no estamos hablando de ESO, estamos hablando de SEO, que tiene las mismas letras pero en diferente orden.

Así que por mi parte he cumplido, ahora sois vosotros, amigos-as, quienes tenéis que darle sentido a todo este esfuerzo, visitando el blog de Noñoño, clicando el G+1 y el compartir en Facebook y Twitter hasta que os sangren los dedos. Os estaré eternamente agradecido. 

 Fin (¡ah no, que me falta una foto!).

Ahora sí. Fin.

13 jun. 2013

Niños, voy a explicaros la diferencia entre motivar y hacer propaganda


Hoy he estado viendo algunos programas de TVE sobre empresas españolas y empleados españoles, y por si vosotros también los habéis visto, creo que tengo que explicaros la diferencia entre motivar y hacer propaganda.

Motivar es daros ánimos para que hagáis cosas que os parecen difíciles y que os da pereza intentar. Por ejemplo: Raulito, si te concentras y te fijas, puedes hacer las sumas tú solito. ¡¡Venga, inténtalo!!

Y hacer propaganda es haceros creer que las cosas son mucho más fáciles, para que estéis contentos: Raulito, no te preocupes por los deberes, que se hacen solos ¡¡y aprobarás fijo!!

¿Lo entendéis? Se parecen un poco pero son ideas distintas, porque al motivar casi siempre os explicamos que las cosas son difíciles, y eso puede hacer que os enfadéis con nosotros.

En cambio, al hacer propaganda, lo importante es que creáis que todo es muy fácil, y así, si no os sale bien, os enfadáis con vosotros mismos y nos dejáis en paz a papá y a mamá, que es el verdadero motivo por el que se hace la propaganda: para que nos dejéis en paz, ¿véis?

Al motivar os molestamos un poquito, pero al final es bueno para vosotros. Y al hacer propaganda parece que no os molestamos, pero al final es bueno para nosotros.

Y ahora que ya os lo he explicado, os hago la pregunta que originó esta lección: Los programas de TVE El Alma de las empresasMade in Spain, ¿son motivación, o son propaganda?

7 jun. 2013

Mi estilismo para el 8J

Para llevar un look outfit total street yeah para el 8J, hay un "must" de fondo de cajón al que no puedo renunciar. El resto de detalles los improvisaré el sábado por la mañana.

6 jun. 2013

La moda según los papis

"Un estampado es uno que se salió de una curva y se comió el muro"

Hoy tengo el honor, el grandísimo honor, de participar como invitado en el blog Mamis y Bebés, una de las más reputadas blogueras sobre temas de moda y productos infantiles. 

Con frases del estilo de la que encabeza este post, voy desentrañando lo que se podría denominar como "simplicidad del universo masculino". 

Dicen que está divertido. Léelo AQUÍ.


31 may. 2013

Ganadores (sí, en plural) del Concurso de Dedicatorias.

Queridos amigos. Hay que tener muy poca vergüenza para pedirles a tus presuntos y potenciales lectores que te escriban ellos mismos las dedicatorias del libro. Continuamente tengo este tipo de ideas de bombero, y peores. Me enfrento a ellas como el que se enfrenta a una piscina con el agua helada. "¿Me tiro o no me tiro?" Y a veces, las menos, me tiro.

Hoy estoy muy contento porque habéis participado más de los que esperaba, y lo habéis hecho con el espíritu divertido y golfo que yo tenía en mente. Pero os aseguro que el domingo, cuando lo publiqué, no las tenía todas conmigo. Permitidme abrir un paréntesis moñas en este espacio libre de ñoñerías, para daros las gracias y deciros que mañana iré mucho más tranquilo a la Feria, y que no me importará que la única en venir sea Chica Perika. Casi lo prefiero.

Vosotros habéis cumplido y ahora me toca a mí. Pero el otro día leí en un artículo sobre SEO que los post deben contener al menos 300 palabras, y como llevo sólo 178, voy a recrearme un poco con los agradecimientos, menciones, destacados y comentarios varios.

Primero quiero dar las gracias a la Madre del Monillo, por ser pieza clave en la difusión del concurso. Gracias amiga, ya puedes ser maja en persona para estar a la altura de lo que eres en virtual. Nos vemos el 8J.

Aunque no se lleven el premio, os confieso que me han sorprendido mucho las propuestas de Desmadreando y la de Isabel, por rompedoras y originales. La primera me sugiere que no firme, que no caiga tan bajo, que la estrella soy yo y que es a mí a quien se lo tendría que dedicar cualquiera que aparezca por la caseta. La segunda, Isabel, encuentra una insospechada nueva utilidad a las dedicatorias: las dedicatorias promocionales. "Si te gusta mi libro, te encantarán las tazas del Juramento Noñoño", escribe literalmente.

Mónica, de Con Peques en Zaragoza, me lanzó un inquietante reto: pregúntalo en Yahoo Answers. De perdidos al río. Afortunadamente, no salí escaldado.

El gentil Paparracho aprovechó la ocasión para enviarle una poética declaración de "algo" a Mi Gremlin no me come. Su adaptación del mítico poema de Becquer es gloriosa.

Y el gremlin, o la gremlin (no sé cómo llamarla) se lució encadenando versos de métrica impecable, por lo que he decidido otorgarle una inútil mención especial, y usar su texto para ilustrar el post.

Han habido bastantes más, y todas dignas de galardón, por lo que os invito a repasarlas aquí. Os prometo que me las llevaré impresas a la caseta y que haré buen uso de ellas. Muchísimas gracias de nuevo. Soissss lo mássss.

Y ahora al lío. La mecánica del concurso explicaba que las propuestas serían expuestas a valoración popular, y que teniéndolo en cuenta, yo elegiría la que me saliese de las pelotas pareciese mejor.

Atendiendo al primer criterio hay una ganadora indiscutible. Walewska, también conocida como Mamis y Bebés, movilizó a sus huestes y consiguió que medio Aragón en edad de votar se pasase por el muro de Facebook de Noñoño, a aclamar su gaticida propuesta. Aprovecho para aclarar que, si bien a los zaragozanos se les dice maños, no es lo mismo "zaragocitar" un concurso, que "amañar" un concurso.

Por eso Walewska es justa ganadora, y esta es la dedicatoria que llevará su libro.

"Cada vez que alguien compra este libro muere un gatito y lo llena todo de corazones para llorarlo"

Si he de ser sincero, no acabo de entenderla bien. Pero eso es lo de menos, porque la dedicatoria es para ella y es a ella a quien tiene que gustar. Enhorabuena Walewska.

Peeeeeeero, en vista de que el aluvión de votos para Walewska me dejó poco margen para la subjetividad y el voto de calidad, emocionado y agradecido por la alta participación, he decidido otorgar otro premio, y regalar un segundo ejemplar firmado y dedicado a mi opción favorita, que también ha sido de las más votadas:

Por puñetera, malintencionada y escueta, por la apatía y desgana que desprende, y por su tono poligonero tirando a chungo, el premio especial del jurado va para Papa Lobo, y su "Mi otro libro es un best seller". Enhorabuena capullo.

La organización del concurso se pondrá en contacto con los ganadores para hacerles llegar su premio, les guste o no.




29 may. 2013

Miércoles Mudo: toma falsa


25 may. 2013

Concurso de dedicatorias. Llévate un ejemplar dedicado y firmado de Padres no ñoños.

Ayúdame a encontrar una dedicatoria para usar en la Feria del Libro,
y te regalo un ejemplar firmado con tu propia dedicatoria.

La semana que viene comienza la Feria del Libro en Madrid, y el sábado día 1, de 12h a 14h , estaré en la caseta de la Editorial Planeta (nº 147) para firmar ejemplares.

No creo que nadie en su sano juicio se tome la molestia de acercarse al centro (con lo jodido que está aparcar) para que yo le firme un libro. Soy plenamente consciente de ello. Pero una vez allí existe la posibilidad de que alguno de los que hacen cola en el mostrador de Amaya Ascunce o en el de Fátima Casaseca, en un momento de aburrimiento, decidan abandonar la fila brevemente para estirar las piernas y, de paso, darle un poco de vidilla al chico solitario y tristón del libro fosforito (servidor).

Llegado ese momento, ¿qué pongo?, ¿qué escribo, qué les digo? Una dedicatoria es algo muy especial y personal. A alguien que ha tenido el despiste de pararse en mi caseta no puedo liquidarle con un “Para Felisa, con cariño de Ata” o “A Ramón, con afecto...”. No me parece cortés.

He visto muchas veces a escritores dedicando libros, pero nunca me había parado a pensar detenidamente en ello. Lo veía tan normal como cuando lo hace un futbolista en un balón o en una camiseta. Pero en el fondo es muy distinto. El futbolista no necesita esmerarse, no se espera mucho de su texto. Pero un autor no puede poner cualquier cosa. La comparación sería justa si al futbolista le pides un balonazo personalizado, o que le haga un regate (con cariño) a tu madre. Si el tío quiere quedar realmente bien no puede repetir lo mismo que le acaba de hacer a un centrocampista cualquiera en el campo, ¿estáis de acuerdo? Por el mismo motivo, yo no puedo escribir cualquier lugar común.

En un momento de ofuscación he llegado a pensar que es injusto que me pidan una dedicatoria:

- ¿Qué te escriba algo?, ¡¡pero si tienes un libro entero!!, ¿qué más quieres que te ponga?

Pero superado ese sentimiento absurdo, lo cierto es que pedirme un libro dedicado es el mayor honor que me pueden hacer, y quién me la pida se merece que me esmere en ponerle algo especial. Así que voy a intentar dar lo mejor de mí mismo... si es que viene alguien.

Aún así, dejarlo todo a la inspiración del momento puede jugarme una mala pasada, y me gustaría tener preparado algo digno por si los nervios me dejan en blanco. Por eso se me ha ocurrido pediros ayuda y sortear un libro entre quienes me envíen propuestas de dedicatorias originales y versátiles.

La mejor me servirá para salir del paso si llego a bloquearme el sábado.

La mecánica del concurso es fácil:
.- Haz un comentario en este post con tu propuesta, antes del jueves 30 a las 22h.
.- Someteré las propuestas a la valoración popular en Facebook, tanto en mi muro y en el de Noñoño, y en última instancia yo mismo elegiré la que más éxito tenga, por su originalidad, sinceridad, cariñosidad y versatilidad.

¿Y el premio?
.- El ganador recibirá en su casa un ejemplar de Padres no ñoños, firmado y dedicado con su propia dedicatoria.

Confío en vosotros ;-)

22 may. 2013

Miércoles Mudo: "te oigo entrecortado"


21 may. 2013

Niños, no es lo mismo saber engañar a más gente, que ser más demócrata.

Seguramente estaréis extrañados de oír últimamente a muchos señores y señoras decir que van a hacer lo que más les conviene a ellos, porque es lo que hemos elegido todos. Bueno, ellos lo llaman “legitimidad democrática”, porque nosotros les hemos elegido para que hagan cosas, pero no esas cosas.



Es como si me pedís 2 € para comprar cartulinas y papel pinocho para el cole, y cuando el dinero es vuestro os lo gastáis en Invizimals. Sí, tenéis razón, yo os lo dí, era vuestro, santa Rita y bla bla,
 pero no os lo di para cromos.


Tranquilos, sólo era un ejemplo, vosotros nunca haríais eso. Pero los políticos a veces se despistan, por culpa de una palabra muy rara, que significa dos cosas a la vez: democracia.


- ¡Una palabra que significa dos cosas!, ¿quién puede entender eso?


Seguro que vosotros mismos, si os pongo un buen ejemplo.



Primero, imaginaros que en el parque sólo se pudiera jugar a lo que quisieran los más mayores y que los más tramposos nunca dejaran a los demás subirse a los columpios. Qué mal, ¿verdad? Eso NO ES DEMOCRACIA. En cambio, si se juega a lo que queréis todos y se reparten los columpios y las chuches, ESO SÍ ES DEMOCRACIA.

Hasta aquí está claro.

Vamos con el segundo significado.


Ahora imaginaos que hay que nombrar a un jefe de la pandilla, que se tiene que encargar de que todas esas cosas se hagan con democracia. Si al jefe lo votáis entre todos, ESO TAMBIÉN ES DEMOCRACIA. En cambio, si Paquito (que es el más malote) decide que él mismo es el jefe, y al que no esté de acuerdo le suelta un guantazo, pues entonces ESO NO ES DEMOCRACIA. Fatal.


Por eso la democracia está muy bien, pero hay que recordar que son dos cosas:


1.- Democracia es que el jefe de la pandilla sea el que quiere la mayoría.

2.- Y democracia es que el jefe de la pandilla haga lo que quiere la mayoría.


¡¡Qué complicado, normal que los políticos se confundan y se olviden de la segunda!!, que además es la más importante.


Vuelvo al ejemplo del parque, ¿qué pasa si votáis a un jefe de la pandilla y resulta que os ha engañado? Primero os dice que siempre se va a jugar a lo que queráis todos, y cuando sale elegido, resulta que sólo deja jugar a lo que quieran él y sus amiguitos.



Queridos niños, ese jefe no es un jefe democrático, aunque le hayáis votado. Ese es un jefe mentiroso.


Y yo ahora estoy muy triste, porque creo que los políticos piensan que sólo tiene legitimidad democrática quien ha sido votado, que a quien no sabe mentir no le votan, y que por tanto, el más demócrata es el que es capaz de engañar a más gente.


Todo por culpa de una palabra tan difíiiiicil, con dos significados. 


20 may. 2013

Amaya Ascunce (la drama mamá) responde a 8 preguntas raras.

Acabo de terminar En la Cocina con la Drama Mamá, el segundo libro de Amaya Ascunce. En el primero, Cómo no ser una drama mamá, Amaya tenía un buen concepto, que supo desarrollar más allá de lo que cualquiera que tenga madre podía llegar a imaginar. Pero lo que más me sedujo de ella fue su manera de contar las cosas, tan natural y tan fluida. Creedme, esta chica escribe muy muy bien.

El segundo es un libro de recetas, bueno, de recetas… lo de menos son las recetas. En cambio, engancha aún más que el primero. Amaya escribe como si estuviera a tu lado contándotelo. Estás leyendo y dan ganas de interrumpirla, lo mismo para darle la razón, que para quitársela, que para contarle que a ti una vez te pasó algo parecido… es una sensación casi exotérica, como una presencia.

En su libro de recetas, Amaya carga las tintas contra los calamares (a los que odia de manera visceral e incomprensible), le quita presión a su relación con las ollas, y deja a los concursantes de Master Chef como auténticos principiantes bautizando platos: “Paella en mi casa o arroz con chorizo en la de los demás”. ¡Brillante! (no el arroz, sino el nombre de la receta).

Se atreve con cualquier plato y al final, el único que no termina frito es el lector.

Como además la conozco (bueno, la vi una vez) y tengo motivos para asegurar que es una gran chica, se me ocurrió que a parte de esta declaración, podía hacerle una de esas sabrosas entrevistas que tanto os gustan a los paladares exigentes (y sí, habéis adivinado, voy a caer en la cutrería de hacer todas las preguntas con juegos de palabras sobre cocina. Podéis ir directamente a las respuestas si preferís).

Entramos en harina:
.- La nena es tierna, tímida, familiar, sencilla… En cambio Amaya coordina la web de Elle y es bloguera y escritora de éxito. Vamos, que más cool, fashion y trendy no se puede ser, ¿en qué ambiente te encuentras más en tu salsa?

Amaya también es tímida, familiar y confío en que sencilla… Todo en mi vida ha sido un poco accidental. Me dieron la oportunidad de trabajar en un sitio como ELLE y todavía no me lo creo. Me gusta Internet y sé un poco de publicar cosas en web, los contenidos que funcionan, analítica y esas cosas. Por eso he acabado en un sitio así en el que aprendo miles de cosas y conozco gente muy interesante todos los días.

Lo del blog y el libro fue un poco igual. De repente. Para rato* pensé que se iba a liar algo así cuando empecé con el blog. Si me dices hace 5 años que iba a estar haciendo todo esto no me lo creo.

Mira, hace un tiempo que le doy vueltas a una idea. Hay gente a la que una cosa le gusta mucho mucho, por ejemplo, la moda, la literatura, o las manualidades, o las avestruces. Y se hacen expertos en eso, pueden contarte cosas increíbles, son auténticos expertos en una materia. A mí no hay nada que me guste tanto, pero me encanta cualquier cosa que trasmita buenas historias, sean de moda o de avestruces. Y creo que por eso he hecho cosas tan distintas y espero seguir haciéndolas.

* Nota del traductor: En Navarra y en Aragón, la expresión “para rato” se utiliza con el significado de “para nada” o “en ningún momento”.
 
.- Segundo libro, enésima edición del primero. Sin duda estás viviendo un momento dulce, ¿es un plato que hay que dejar reposar?, ¿o hay que comerlo rápido, antes de que se enfríe?

Yo de momento voy a disfrutar de esto, y sobre todo, no me lo voy a tomar muy en serio. Tengo la suerte de que, por ahora (que la cosa está muy malita), no me juego las lentejas con los libros, así que si a un hobby le puedo sacar algo de rendimiento genial. Pero en realidad, me conformaría con poder seguir publicando de vez en cuando y recibiendo los mails de la gente que dice que le gusta.

Me encantaría forrarme, no voy a mentir, y vivir en una casa en la playa de escribir libros, sin madrugones y atascos, a mi aire. Pero soy realista, y los libros no dan para eso. Así que vamos a pasárnoslo bien.
 
.- No eres apta para cocinar y en cambio escribes un libro de recetas… Con mal producto te ha salido un guiso delicioso. Pero por lo general, ¿en qué prefieres confiar?, ¿en lo que te dictan tus ingredientes, o en ponerle tesón a la receta? 
 
En la cocina no confío en nada. Se me da fatal, palabra. Tengo un don inverso entre fogones, lo destrozo todo. Así que sólo me queda pegarme bien de cerca a la receta y tratar de no cagarla.

En la vida, no sé, no hay receta que valga. Ni siquiera la voluntad es garantía de nada. Pero bueno, confío en el humor, en la empatía, en tener perspectiva, en saber relativizar, en tener curiosidad por lo que te rodea y en emocionarse un poco por todo. No significa que te vayan a ir bien las cosas, pero al menos no sufrirás tanto por las que van mal.

.- Lo que cuentas en En la Cocina con la Drama Mamá lo vivisteis sabiendo que se iba a publicar en un libro. ¿Hasta qué punto, el saberlo, os afectó cómo personajes?, ¿os interpretasteis a vosotras mismas?, ¿está inspirado el libro en la realidad, o la realidad os salió inspirada, sabiendo que iba a ser publicada en un libro? Dicho de otra forma, ¿qué fue antes, el huevo o la tortilla?

La realidad produjo el libro hasta tal punto, que muchas de las historias que cuento van sobre cómo lo escribí. Eso sí, no firmé ningún contrato hasta dos días antes de tenerlo todo escrito y saber que quería publicarlo. Tuve a mi editora al borde del infarto hasta el final.

Me propusieron lo de las recetas, dije que no, luego mi madre dijo que no, y me puse a escribir sobre eso: lo mal que cocino y que no pensaba escribir el libro. A partir de ahí, se me sumaron historias, hicimos algunos intentos, discutimos, pasaron otras cosas… Lo iba escribiendo, y no estaba segura de que me gustara. Al final cuadró, me hizo gracia y pensé “Vamos allá”. Y allá que fuimos…

.- Una vez me dijiste que si hay exposición pública, habrá críticas, ¿algún plato de mal gusto que se te haya atragantado?

Sí. No me hizo ninguna gracia las primeras críticas que se metían con mi madre y la trataban como una pequeña dictadora porque, para empezar, confundían a mi madre con el personaje y para seguir, porque me parecía que no habían entendido nada.

Y lo segundo que se me atragantó fue la propia exposición pública. Ya me he reformado un poco, pero sigo sintiendo mucho pudor a haber mostrado muchas cosas de mí a través de la nena. No tiene que ver con qué piensen de ti… Es que yo he contado que para mear en el baño tiro dos veces de la cadena y, bueno, cuando tuve que confesar mi nombre real me daba corte. Ahora lo llevo mejor, o eso creo.

.- Sé por el libro que no te encantan las judías: ¿alguna metedura de pata notable?, ¿alguna que te la hayas tenido que envainar? (risas enlatadas).

A ver, soy nerviosa, charlatana, curiosa, movida, despistada, influenciable… ¿Meteduras de pata? Qué va, ninguna… Para que te hagas una idea, un día iba andando por la calle y un señor me miró raro, luego otro, luego otro… Entonces me miré para ver si llevaba una gallina en la cabeza y ¿sabes? No llevaba falda. Me cerré el abrigo y me quedé allí parada pensando: ¿cómo la he perdido? Y sobre todo ¿hace cuánto? Volví hacia al coche en estado de shock. Y allí estaba, se me había abierto al salir del coche. ¿Sabes lo peor? Que era la segunda vez que me pasaba.

.- En tus libros la nena es la protagonista. Eres cocinera e ingrediente. ¿Crees que tus fans somos un poco caníbales?, ¿Cómo crees que reaccionaremos cuando cambies de materia prima?

Ay espero que muy bien…  Y que me sigan leyendo aunque publique cosas distintas, porque no puedo pegarme otro año escribiendo de lo mismo. Al menos no si quiero divertirme, así que me jugaré. Y bueno, mi madre lo va a agradecer seguro.

.- Y de postre, una picante. Somos ya legión tus seguidores varones, y después de la foto en la solapa del libro se ha desatado la locura. Así que muchos estarán esperando que te pregunte por tus gustos: ¿cruditos o maduritos?

Jajajaja, la foto es un poco mentira. Es que en ELLE tienen unos profesionales estupendos que te sacan reguapa. Te ponen mucha luz que disimula todo, y te visten bien y esas cosas. Además estas quietica, que yo no estoy quieta ni dormida, parezco hasta buena. Estoy encantada con esa foto, la pienso poner en el perfil de Facebook, de Twitter, en el DNI… Estoy por hacerme una careta e ir por la calle con ella.  Y, por supuesto, maduritos. Yo he sido siempre una niña vieja: listilla, marisabidilla y con gustos raros. Me llamaban Mafalda en el cole. Los cruditos me entienden aún menos que los maduritos.

Muchas gracias Amaya, y tú tranquila, que esto no lo lee nadie.