10 nov. 2013

Cita con el destino (a falta de mejor título).


Esta mañana pasaba por una carretera comarcal en coche y una aldeana esperó para cruzar justo detrás de mí. Me entretuve en mirarla por el espejo retrovisor y vi como se santiguaba mientras me seguía con la mirada.

No era el santiguarse egoista del delantero que le pide a Dios un gol. Al contrario, me pareció un santiguarse piadoso y compasivo. Un santiguarse tétrico. Y como lo hizo mirándome me inquietó. Por un momento imaginé que podría tratarse de un gesto premonitorio, como si ella supiese que poco más adelante iba a ocurrir algo terrible. Por las mañanas aún no le tengo miedo a la muerte y no temí por mi vida, pero esa carretera está plagada de ciclistas y a lo mejor mi destino era llevarme a uno por delante.

El susto me duró dos curvas. Es lo que pasa siempre con estos pensamientos tontos.

Unos cuantos kilómetros más adelante me encontré coches y Guardia Civil invadiendo mi carril. ¡Coño, qué mala suerte! Justo ahora que me falta el recibo del impuesto muncipal (me lo envían por Correo) y que tengo caducada la ITV, precisamente por faltarme esa documentación. Me volví a inquietar, esta vez por motivos mucho menos exotéricos.

Pero según me fui acercando, sin posibilidad ninguna de darles esquinazo, me di cuenta de que no se trataba de un control. La policía estaba custidiando un cuerpo tendido en la cuneta y cubierto por una sábana.

Resoplé, aún sigo preguntándome si por el impacto de ver un cadáver o si por la tranquilidad de saber que no me iban a multar. Me inquieta pensarlo.

El incidente me obligó a dar una vuelta larga y a volver a pasar por dónde había cruzado la señora. Lógicamente no estaba (en su lugar había unas gallinas que no pintan nada en el relato como tampoco pintaban nada en el arcén. Muy raro, probablemente se habían escapado).

Quizá esa mujer se santigua siempre al cruzar, como el futbolista al tirar el penalti, y simplemente me siguió con la mirada de forma intuitiva.

Pero quizá no, quizá simplemente se equivocó de coche. 

2 comentarios:

  1. Jolín neñu vaya historia leñe, superstición pura y dura, sólo te diré que me alegro que te parará los picolos y que no te cruzaras con ningun cicilista.
    Feliz lunes

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    1. Me crucé con infinidad de ciclistas. Esa carreterina está plagada. Pero quizá yo iba con el pie un poco más levantado de lo normal, tras el susto de la persignación.

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