Actualización: Legálitas rectifica y me devuelve la cuota.
El otro día hablé por teléfono con una chica de
Legálitas. Fue
una conversación como las que tienen los amantes, intensa, llena de emociones y
altibajos, plagada de reproches y
reencuentros. Pero al final, la chica de Legálitas me dejó con un palmo de narices. Me pregunto
cómo hubiera terminado todo si la chica de Legálitas fuera simplemente “la
chica”.
Os pongo en antecedentes. Legálitas se
llama así, y no Éticas, por algo. En los últimos meses no tenía
más contacto con ellos que las llamadas comerciales ofreciéndome
nuevas coberturas, y que sólo servían para darme cuenta de que el servicio por
el que estaba pagando no incluía dichas coberturas.
- Buenos días, por ser nuestro cliente chupi queremos
ofrecerle la nueva cobertura legal para asuntos de Tráfico. Son sólo x€/mes
más.
- Anda, pues yo creía que con lo que pago me prestaban
asistencia legal sin distinguir asunto o contrincante.
- Bueno sí, pero es que precisamente lo de Tráfico va a
parte…
- Ah! (intúyase aquí mi cara de tonto)
El caso es que ya no me merecen la pena porque es básicamente
un servicio de consulta, y si al final hay algún asunto que requiere apoyo
legal serio, acabas teniendo que pagar a un abogado igualmente (aún sigo
esperando que Vodafone, por poner un ejemplo, me devuelva el dinero que me
debe). Así que cuando el banco me ofreció un servicio de asesoría jurídica
aproveché la última de esas llamadas comerciales para decirles que me quería
dar de baja. Pero como faltaban aún unos meses para renovar el contrato, la
comercial (muy hábilmente) postpuso la gestión para cuando llegase el momento.
¿Estará “grabada esta llamada para mejorar el servicio”? Pa mí que no.
Cuando llegó el momento de renovar, se me olvidó y así descubrí
que Legálitas son unos pillos:
1.- Primero porque no te avisan.
2.- Y segundo porque los muy cucos te lo cargan en la
tarjeta de crédito, de tal forma que si has olvidado comunicar la baja (como fue
mi caso), ya no hay forma humana de solucionarlo o de devolver el recibo.
Bueno, “sí hay forma humana”, pensé: tan sencillo como
llamar y contarle a algún humano que me quiero dar de baja, que perdonen mi
despiste, que correría con los gastos de la devolución incluso con el mes en
curso. “Después de todo, sólo han pasado unos días y en los últimos meses no he
utilizado para nada el servicio”.
Y así fue como llamé. Primero al 91 837 38 14, pero allí me
dijeron que tenía que llamar al 902… esto debió darme una pista de la clase de
chica con la que iba a hablar, y de que quizá su atención no iba a ser del todo
sincera y desinteresada. Pero como yo sigo creyendo en la gente, llamé al 902.
Tras unos minutos de entretenimiento me pasaron por fin con la
chica de Legálitas. Su voz era muy agradable, no voy a decir que tenía un tono
cantarín, pero me la imaginaba guapa, educada y sonriente al otro lado de la
línea. Eso me hizo pensar que todo iba a ser tan fácil como debería ser y que
no habría ninguna pega, tan solo las gestiones y comprobaciones de rigor.
Después de todo, cualquiera que tenga un negocio o que haya
trabajado para clientes sabe que las devoluciones son comunes y que mientras no te
supongan ningún coste, es perfectamente natural y factible anular un pedido, un
contrato o una suscripción. Y más fácil aún para Legálitas, supuestamente
expertos en solucionar problemas mucho más gordos (ja).
Pero lo primero que me dijo la chica de Legálitas me dejó
helado:
- Es imposible.
- ¡¿Imposible?! Pero si es muy fácil – dije, pensando que en
realidad no me había entendido bien.
Poco a poco me fui dando cuenta de que con “imposible” lo
que realmente quería decir era “no me da la gana”. La chica de Legálitas es
así, que te dice las cosas de una manera más suave para intentar no herirte.
Pero como una cosa son las cosas del querer y otra cosa son
las cosas del poder, y yo no quiero regalarles casi 20€/mes a cambio de nada, insistí: "¿cómo que no se puede?"
Entonces la chica de Legálitas utilizó la típica y conocida estrategia
del reproche:
- Tenías que haberme avisado antes.
- ¿Quién lo ha dicho?
- Está en nuestro contrato.
- ¿Qué contrato?
- El que está en mi web…
No me lo podía creer. Le estaba diciendo que quería dejarlo
porque no estaba contento con ella, y ella me contestaba que era imposible, que
teníamos que seguir un año y que todo era CULPA MÍA por no haberla avisado con
tiempo.
Yo estaba muy dolido y entonces le eché en cara ese tipo de
cosas que se echan en cara cuando uno está dolido y que no hacen más que
empeorar la situación:
- ¡Sí, será culpa mía, pero tú tampoco eres una santa!,
porque ya sabías que no estaba a gusto y deberías haberme avisado – estaba enfadado y le
solté todo lo que llevaba dentro – Desde que estamos juntos nunca me has
enviado facturas, sólo me llamas para intentar sacarme más dinero, y lo de
cargármelo directamente a la tarjeta para que no pueda devolver el recibo
demuestra muy mala leche, ¡esto lo tenías planeado desde el principio!
Todo este tipo de cosas las fui diciendo sin darme cuenta de
que estaba hablando con un 902 y de que la llamada la pagaba yo.
La chica de Legálitas siguió manejándome a su antojo: a
veces se hacía la ofendida, otras intentaba hacerme sentir como un idiota, como
si lo que le estuviese pidiendo fuese surrealista y yo haría el ridículo
delante de todos nuestros amigos; a veces me doraba la píldora, e incluso llegó
a regalarme un descuento sobre lo ya abonado (demostrándome así que no era
IMPOSIBLE hacer una devolución).
Pero no movió un ápice su postura, que ahora, fríamente, la
puedo resumir de la siguiente forma: “en algún sitio, lo suficientemente
visible como para que quede constancia legal, está escrito que tienes que avisar con
x tiempo de antelación. Cualquier otra consideración con respecto a las formas
o la subida de precio te va a salir caro removerlo. Y como ya has pagado y el
dinero es nuestro, te jodes y te aguantas. Legalmente tenemos la sartén por el
mango (llama a Legálitas para que te echen una mano si quieres jajaja) y
moralmente nos la trae al fresco que no quieras seguir con nosotros. Donde
estén unos cuantos euros que se quite una persona contenta”.
La sensación con la que me quedé era la de que me estaba tomando el pelo. Como cuando en un bar de menú a 9€ te cobran 15 por la cerveza
(lo pone en la letra pequeña, por la parte de atrás de una carta que está debajo de los periódicos de la barra). O como cuando tu hijo mayor le hace un amago de bofetada al
pequeño, éste llora, y el mayor dice riéndose cínicamente “no le toqué”.
Sí, ya sé que el despiste legal es mío, pero no me avisas,
no me envías factura… y sobre todo, si te
estoy diciendo que no quiero seguir con lo nuestro, ¿por qué te empeñas?, ¿no ves que es una relación dañina?
Pero lo peor de todo es que todo eso me estaba pasando con ella, la chica de Legálitas, ¡mi chica
de Legálitas!
Estoy seguro de que si mi chica se va a la calle (no
te confíes reina, puede ser cualquier día) y monta su propio negocio, no sé, un
pequeño restaurante rural en su pueblo o una tienda on line de productos
caseros, su comportamiento será completamente diferente. Casi apostaría a que
haría todo lo contrario y que sería de las que te avisa cuando pides de más,
aunque ella salga perdiendo, o de las que te aconseja la mejor compra, aunque
sea de menor cuantía.
Seguro que correría con los gastos de cualquier mal
entendido, y el “la culpa es tuya” lo cambiará por “ha sido mi error”, incluso
en los casos en los que el despiste es claramente del cliente y a ella le cueste dinero.
Seguro que ella es así y lo transmitiría con su propio
negocio. En cambio, trabajando para terceros descarga la responsabilidad de su
inmoralidad en la compañía y se va a casa tan pancha.
También me pregunto si la chica de Legálitas participa en
otras actividades sin cobrar fuera del trabajo, o si tiene un blog y está muy orgullosa de hacerlo todo “desinteresadamente”; y si se siente éticamente
por encima de los que andamos por ahí con nuestros negocios, a la pesca.
No lo estás reina, no lo estás ni de lejos.
En cuanto a sus jefes y accionistas, o quienes quiera que
sean los responsables de contagiarle esta actitud tan miserable a la chica de
Legálitas, sólo les deseo que todo el dinero del mundo que logren amasar no sea
el suficiente para llenar otros vacíos en sus vidas, y que vivan con la tensión
y el colesterol por las nubes.