5 sept. 2013

Tienda de Pasiones


Hace unos años trabajé en La Tienda de Campañas, una extinta agencia de publicidad en la que mis compañeros y yo nos dejamos el pellejo, para descubrir finalmente que sus dos dueños eran unos sinvergüenzas (un caradura el uno, y un estafador con tintes paranoides el otro). Hoy, haciendo limpieza en un disco duro, he encontrado este minirrelato que refleja con fidelidad una de las tramas a las que asistíamos perplejos mientras nuestro esfuerzo y nuestros puestos de trabajo se iban al garete. Sinceramente, no sé si será inteligible para quienes no vivieron aquella situación, pero me ha hecho gracia el reencuentro y aquí lo dejo. Cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia.

Tienda de Pasiones. Cap. 1 Contrato de Amor.

Ariel Raza entró en la oficina y se dirigió directamente a su despacho. Cabizbajo, esquivando miradas y sin apenas saludar; tan sólo un susurrado e inaudible pasa picha.

En la mesa de reuniones, una bandeja con restos de Julianillos del Collado le ayudó a comprender que su amante, Karen, había pasado la noche en su casa, con su esposo.

¡¿Pero, por qué?! - (pensaba) - ¿acaso no doy la talla?, ¿de que sirven mis relaciones, mi olfato para los negocios, mi linaje?

Ariel estaba cabreado, fuera de sí. 

En la bandeja del Outlook varios asuntos menores reclamaban urgentemente su atención: proveedores exigiendo el pago de deudas millonarias, un par de proyectos yéndose al traste, un pufo de 80.000 euros, la pensión alimenticia de sus hijas… pero antes, Ariel tenía que hacer algo para reforzar su autoestima.

Llamó a Karen a su despacho y con tono autoritario y algo despectivo la obligó a contratar, sí o sí, a un técnico de sonido para el extraño proyecto que se traía entre manos con la Federación de Sordos de Huelva: contrato fijo a jornada completa, con dietas, chofer y móvil tribanda.

La machada surgió su efecto y tras una tormentosa discusión, en la que añadió secretaria bilingüe al encargo, llegaría la calma y la reconciliación con Karen: cena y noche de hotel incluidos a cargo de la tarjeta de empresa. Siempre ocurría igual.

En ese momento, Veracruz Angustaiga entró en el despacho decidida a hablar en serio sobre cualquiera de los innumerables problemas que asfixiaban a la empresa:

- ¡Ariel, esto no puede seguir así!
- Tranquila, yo me encargo.

Ariel había recuperado la seguridad en sí mismo. 

- No continuará... - 


6 comentarios:

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    1. Ríe, ríe. Igual que hicimos ayer los compañeros que vivimos la historia, y que ponemos cara real a los personajes.

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  2. Joder me acabo de dar cuenta que estoy francamente a ralentí, no termino de pillarlo que lo sepas....

    Pero me gusta leerte

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    1. No es cosa tuya. Es un relato inspirado en personas reales. Más que inspirado está plagiado de la realidad. Quizá para entenderlo hay que recordar a aquel ridículo director general, un pijo chuletilla que no sabía hacer la o con un canuto, pero que presumía de tener relaciones aunque jamás trajo un cliente... y la relación que tenía con una compañera muy hábil (demasiado). Y luego estaba el otro socio, un hijo de puta que nos tuvo engañados mucho tiempo y que no aparece aquí. Menudo culebrón.

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  3. No me ha sonado muy raro. Lo que me ha hecho alarmarme...

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    1. ¿Estás viviendo algo parecido? Menuda experiencia, y esto es sólo lo anecdótico. Aprendimos mucho sobre la miserable naturaleza humana (no tanto por este socio, que era el tontorrón, como por el otro), pero lo pagamos malgastando los mejores años de nuestra carrera.

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