17 may. 2013

Un superhéroe que tiene lo que hay que tener: dinero.

Supercheque: el único superhéroe con poderes para luchar por las cosas realmente importantes de la vida, porque si algo no puede pagarse con dinero, es que no tiene ningún valor.

Supercheque en: Sin embargo.

Elena se pasa el día en el gimnasio pero no hace gimnasia, es la recepcionista. Elena está enrollada con un monitor y salen con una pandilla formada por colegas de INEF, unos opositores a bombero, uno que dice que es fisionaturópata (vamos, que no tiene titulación) y dos musculadas gemelas que hacen fitness, spinning, step, powerlifting, trimsport, etc. de todo menos gimnasia.

Al principio de la relación, por puro dejarse llevar, Elena entró un par de veces a la sala de musculación, pero pronto descubrió que hacer ejercicio le suponía esfuerzo, y lo que es aún peor, que el chándal le hacía culo. Lo dejó.

Y así pasaban los días sin mayores alegrías ni tristezas, hasta que un día le llega una carta de Hacienda, ¡¡Diosss!!

 “Llegó una carta de Hacienda...” es como el rugir de una motosierra en una peli serie B. Podríamos dejarlo aquí y no profundizar en detalles escabrosos, pero la vida es así de cruel y el relato nos obliga a entrar de lleno en el oscuro mundo de las multas y sanciones administrativas, de las competencias institucionales, las incompetencias institucionales, de las trabas, los deslices, los abusos; de la burocracia, los impresos, los modelos; de los traspapeleos, los errores informáticos, de los funcionarios con jaqueca, de los ciudadanos indefensos, del yo no puedo ayudarle, no es mi competencia, ponga una reclamación en quejas, o una queja en reclamaciones, o en otra jodida ventanilla; y del amimesudalapollaestuputoproblemevoyadesayunar.

Pero no adelantemos acontecimientos.

La carta le reclama, así, de golpe, 5 años del Impuesto de Circulación de un vehículo que Elena dio de baja hace 5 años. Y por si la cifra resultante no resultase suficientemente resultona, la adornan con los intereses de demora y una multa por el retraso. Conclusión: te cagasss.

Esto, entre adultos sensatos se solucionaría con una llamadita:

- oye, soy fulano, que te has equivocao, que el coche lo di al prever en 2002…
- ¡¡ay perdona!! es que hoy tengo un lío… ahora mismo anulo el cargo y la sanción, no te preocupes.

También entre adultos insensatos podría llegarse a un principio de acuerdo:

- oye, soy fulano, o me quitas la multa o te abro la cabeza a machetazos…
- ¡¡ay perdona!! es que hoy tengo un lío… ahora mismo anulo el cargo y la sanción, no te preocupes.
Pero entre un ciudadano y la Administración lo sensato no es ser sensato ni insensato. Quizá lo único sensato sea joderse y pagar. Pero, repito, no adelantemos acontecimientos.

Con el comprensible acojone y la subsiguiente indignación, Elena busca consejo entre sus más allegados (ver primer párrafo…):

- ¿Hace 5 años que lo diste de baja? Entonces ha sido un error de ellos, no pagues.
- No es culpa tuya, no tienes por que pagar.
-¡¡Pero qué se creen!! Ni se te ocurra soltar un duro.
- Eso, eso, lo importante es que no pagues!!

Elena, animada por estos sabios consejos y estimulada por su miserable sueldo, decide no pagar.

Y así pasan los días sin mayores alegrías ni tristezas, hasta que le llega otro certificado, ¿habrán detectado el error y le (a ella) escriben para tranquilizarla?
Puede ser, pero, recalco, no adelantemos acontecimientos: Elena abre la carta despacio y, emoción, emoción…¡¡uy, casi!!: por no sé qué ostias de caducidad del periodo de pago voluntario, ahora el importe es aún más alto y (agárrate, que llega lo más acojonante) además le (a ella) amenazan con embargarle el coche.

- ¡¡Pues que lo embarguen!! Total, está dado de baja…

Ahí le has dado, machote, pero resulta que el departamento, o el ordenador, o el responsable, o la puta su madre que gestiona los embargos, SÍ tiene la información actualizada. Y el embargo recae sobre su coche actual, según consta en el engorroso documento certificado que, entre lágrimas de incredulidad lee Elena.

Las reacciones de sus amigos son ahora mucho más airadas y contundentes:

- ¡¡De eso nada!!- dice su novio golpeando el mostrador de recepción del gimnasio - diles que si hay que personarse personalmente, nos personamos.
(aquí es donde se nota el temple y la madurez adquiridas durante años como portero de discoteca).

- Nosotras también - dicen las gemelas en una demostración de virilidad y  apoyo sin fisuras.

Muy bien, todo muy bonito: nos personamos todos, nos quejamos todos, ¡venga, vamos todos! ¡juntos como hermanos, miembros de un gimnasio!…

Pero, ¿a dónde vamos?, ¿a quién nos quejamos?, ¿eh? Si hay un abogado en la sala que levante la mano, porque no tenemos ni pajolera idea de a dónde coño ir (y hablo en primera persona, porque yo tampoco lo sé): ¿al Ayuntamiento, a la Comunidad, a la Consejería, a Tráfico, a la Delegación de Hacienda, al Ministerio de Industria, al de Interior, al concesionario, a la ITV, a la OCU, a la OMIC, a la ONU, al Diario de Patricia? Ni puta idea.

Y si este panorama se presenta desolador a priori, a posteriori lo es mucho más, después de llamar y “personarse” en todos esos sitios varias veces, sin que nadie pueda, sepa, ni quiera solucionar el puñetero problema.

En el único lugar que dan ciertas facilidades es en la entidad bancaria “colaboradora”, donde puede hacer efectivo el ingreso de la multa y, de paso, pedir el préstamo para pagarla… porque, y aquí está el quid de la cuestión: Elena no dispone de ese dinero, ¡¡acabáramos!!

Si al final todo es una cuestión de dinero, no nos liemos, un puto problema de pasta. Ni más ni menos. Si Elena tuviese el dinero, pagaría la multa y santas pascuas (ya decía yo antes que era lo más sensato), pero como no lo tiene, estamos jodidos.

Y así pasan los días, totalmente entregada al azar administrativo, sin saber si el próximo fin de semana lo pasará en un calabozo, rodeada de mafiosos, asesinos, pederastas sin escrúpulos y conductores sin puntos.

Por eso la recepción del gimnasio se ha convertido en una especie de velatorio, en el que sus musculados amigos tratan de darle (a ella) apoyo, mediante el dudoso método de ratificar y magnificar la “putada que te han hecho, tía”.

Pero, insisto, no adelantemos acontecimientos, porque en una de éstas, el azar invita a entrar en el gimnasio a un tipo de aspecto insignificante que se les queda mirando con cara de idiota. Mal momento para provocaciones:

- ¡¿Pero qué miras, capullo?!

El novio de Elena hace como que se va a abalanzar sobre él, mientras un colega hace como que le sujeta con fuerza (lo tienen perfectamente ensayado), ¡y menos mal!, porque el tipo canijo con la sudadera XXL, pantalones cortos, canillas pálidas y calcetines blancos hasta las rodillas es… Supercheque!! que conmovido por la historia de Elena se ofrece a intervenir, a través de un conocido suyo en el Ministerio de Vivienda.

¡Qué gran corazón el de Supercheque! ¡Cuanta bondad! Gracias a su tráfico de influencias y a unas oscuras negociaciones, Supercheque descubre a qué funcionario puede sobornar para que borre el expediente de Elena, y lo hace ¡utilizando su propio dinero negro!

Supercheque, si no existieras habría que inventarte.

En un par de días todo ha quedado solucionado. Elena ya no tendrá que anular sus planes de fin de semana y aún le quedará dinero (y quién sabe si ganas) de acudir a la IIX Feria Profesional del Culote y la Camiseta Sin Mangas. En el gimnasio la alegría es desbordante y se puede palpar en el ambiente de la sala de fitness (bastante denso ya de por sí).

Aunque como todos sabemos (y por algo recalcaba yo tanto lo de no adelantar acontecimientos), el soborno de Supercheque no sido inscrito en el archivo pertinente (lenguaje administrativo), y al año siguiente la sanción vuelve con más fuerza, por lo que Elena terminará perdiendo su coche nuevo por embargo, y con él, cualquier posibilidad de vacaciones en los próximos 3 años, junto a su nuevo novio bibliotecario.

Pero esa es otra historia.

LAS TOMAS FALSAS

Párrafo 1, toma final. Acción:
Da gusto verles en los bares tomando zumos, son como una comuna hippie pero en chándal jajajajaja Jajajajaja Jajajajaja
Coooorten

Párrafo 6, conversación entre dos amigos de Elena, un viernes por la noche. Acción:
- ¿quién crees que está mejor preparado, un ninja o un kickboxer?
- ¿física o mentalmente?
- para un combate callejero
- ¿por asaltos?
- sin límite
- ¿con o sin reglas?
- sin reglas
- ¿con o sin armas?
- a mano desnuda
- ¿a muerte o a inmovilización?
- ¡a muerte!
- ¿estrangulación o golpe seco?
- da igual, tronco, lo que sea
-¿en ropa de calle o de combate?
- ¡joer tío, anda que te follen, menudo varas!
Coooorten
uuuuh, me parto la caja, juajua

Párrafo 4, los estudios de Elena. Acción:
Elena empezó un módulo sobre nutrición para labrarse un futuro como buena esposa y ama de casa. Coooorten.
- No entiendo esto.
- Joder, pues eso, que en vez de un curso de cocina, hace uno de nutrición… pa aprender a prepararle hidratos y proteínas a su novio
- No lo pillo. Bórralo.

Párrafo 2. Acción:
Si tuviera un novio matemático, Elena saldría con la pandilla del equipo de ajedrez  jojojojojojo qué sobrada!!
Coooorten.

Párrafo penúltimo, una de las gemelas (a saber cuál) se sincera con Elena. Acción:
- Oye Elena, una duda que me corroe, ¿por qué tu amigo, mentor o como llamarlo quieras (refiriéndose a Supercheque) ha pagado el soborno, y no directamente la multa?
Cooooorten.
¡Ni se os ocurra poner esto!, ¡¡¿qué queréis, joderme el relato?!!

Cabrones.

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