27 ene. 2010

Mis deberes del cole

“Escribid un mensaje de paz dentro de la paloma”.

La tarea es aparentemente sencilla. Luego te pones a pensar y, coño, una hoja en blanco siempre es una hoja en blanco y el concepto es demasiado amplio. Podrían haber especificado un poco, por ejemplo: “¿qué significa para ti la paz?”, o “¿cómo conseguirías la paz en el mundo?”,  o “¿conoces a alguien que se llame Paz?” No sé, dar alguna pista.

He visto lo que han puesto mis compis de guardería y creo que algunos han copiado frases de los típicos powerpoint cursivitalistas (“la paz empieza en con una sonrisa”, y pedanterías por el estilo).

Yo, en cambio, he preferido dejarme de discursos retóricos para ir directo al fondo de la cuestión. Además, mi frase tiene en cuenta que va a ser expuesta en las paredes de la guarde y aprovecha el contexto para lanzar un mensaje a quienes por allí transitan.

Lo que no acabo de entender es por qué les mandan estos ejercicios a niños de dos años. Es evidente que lo tenemos que hacer los padres: ¿nos ponen a prueba?, ¿quieren evaluarnos?, ¿psicoanalizarnos?

No será por falta de deberes.

22 ene. 2010

¿Vale?, ¿o no vale?

Cuando mi hijo empezó a hablar un poco, a los dos años y pico, cogió la manía de repetir continuamente la palabra “¿vale?”. Era algo que ya había escuchado en otros niños y que no me gustaba, porque suena entre impositivo y chulesco. Es como rematar la frase con un “¿estamos?”: “ahora estoy jugando, ¿estamos?”.

Evidentemente los críos no tienen la culpa porque se lo han escuchado a alguien, alguien que SÍ tiene la culpa. Alguien a quién me propuse desenmascarar.

Así que empecé a prestar atención entre las personas cercanas al niño y descubrí que su padre (o sea, yo) remataba cada cosa que le decía con la puñetera coletilla: “ahora te pones el pijama y luego leemos un cuento, ¿vale?”, “ te comes los espaguetis y luego te doy un postre, ¿vale?”, “tienes que dejar a papá escribir en el blog y luego salimos a jugar, ¿vale?”.

Es curioso que no me diera cuenta hasta que se lo oí a él, y es también curioso lo que me costó y me cuesta evitar la palabreja. Es como si cualquier cosa que le digo estuviese irremediablemente condenada a terminar así. El cerebro me lleva continua e inconscientemente a acabar cada frase que le digo con un “¿vale?”, y aunque a veces logro evitar pronunciarlo, pensar lo pienso siempre.

En realidad este post lo escirbí para El Club Parenting, pero aquí tampoco desentona, ¿vale?

21 ene. 2010

Dinero fácil

Afortunadamente se acabó el tiempo de los pelotazos y de las fortunas espontáneas y sospechosas.

Pese a todo, si mantienes los ojos bien abiertos y tienes un poco de suerte, aún es posible conseguir dinero fácil: esta moneda se la dejó olvidada alguien en la taquilla del polideportivo y ahora es mía.

20 ene. 2010

17 ene. 2010

Limpiarse el culo con billetes de 500

Estoy en mi despachito de la planta de arriba trabajando (en serio, este post es sólo un breve inciso). Tengo el mac conectado a unos altavoces y escucho la música que tengo en la biblioteca de iTunes, programa del que soy un fan (breve inciso dentro del breve inciso: al escribir iTunes, el corrector ortográfico de Word me lo cambia automáticamente por atunes, igualmente admirables, pero en otra categoría de disfrute), y he puesto Kind of Blue de Miles Davis, obra maestra del jazz, de la música y de la creación humana en general.

El caso es que he recurrido a tan excelsa maravilla como música de fondo, para no distraerme mientras escribo. Y analizándolo fríamente, es como poner el lienzo de las Meninas como mantel, para no llenar la mesa de migas, o fragmentos de Casablanca como protector de pantalla... o como limpiarse el culo con billetes de 500.

Sirva este post de autocrítica expiatoria, en forma de descubrimiento para quienes aún no lo hayan escuchado. Adjunto un tema colgado en Youtube con link a atunes.



Es el disco de jazz más vendido de la historia y a su alrededor han surgido mitos y leyendas, como que se grabó todo de una tirada, o que parte de la hechizante cadencia del LP se debe a que hay una sutil reducción de revoluciones, por error en la postproducción.

Grande, enorme, gigantesco, y yo poniéndolo de fondo. Es pa darme y no parar.

15 ene. 2010

“No quiero yogur, quiero postre”

Esta frase no la pronunció un afamado cocinero, ni un crítico de la Guía Michelín, ni el insigne experto encargado de la sección restaurantes/ gastronomía de un periódico nacional. Ha tenido que ser un niño de casi tres años, el que con sutileza pero contundencia asesta un golpe directo a la línea de flotación del “menú system” establecido: el yogur no es postre (y aunque no lo dice, la pera tampoco).

"No quiero yogur, quiero postre". Esta aseveración sin concesiones debería suponer una llamada de atención a todos los regentes de bares de menú para que reconsideren su actitud, y entiendan que natillas, flan y helado SÍ, pero yogur natural y pera NO.

Queda abierto el debate de la macedonia.

13 ene. 2010

El punto débil de los suecos

Mi mujer es sueca y eso me ha servido para conocer y admirar aún más a esos esbeltos, educados, ordenados y civilizados seres rubios que pueblan gran parte de la península escandinava.

En cuanto llevas allí 10 minutos y coges un taxi limpio o haces una cola ordenada, te das cuenta de que es imposible que arraiguen fenómenos culturales como los toros o Belén Esteban.

Pero después de varios años he descubierto por fin un rasgo ridículo y estúpido que los humaniza y los hace más cercanos y accesibles: cuando los suecos compran una cristalería, siempre dejan la pegatina con la marca en al menos una pieza, pa que se vea que es de marca!!

Para ejemplo un botón fotografiado en mi propia casa.

¿Decepcionados? De eso se trataba.


12 ene. 2010

Desmitificando mitos: las galletas Príncipe



Desde hace años, lustros, incluso décadas, las galletas Príncipe han sido lo máximo, el no va más, haciendo sombra incluso al surtido Cuétara, lastrado por la perenne manía de mantener en la caja ciertas referencias que no interesaban a nadie.

Tal era su imagen y su prestigio que nunca nos atrevimos a cuestionarlas ni a plantearnos si se podrían mejorar. Pero la semana pasada todo cambió.

Mi padre, guiado por una inocente osadía (o por  el atrevimiento inconsciente de quien no ha hecho la compra en su vida), apareció con unas galletas con chocolate para su nieto ¡que no eran Príncipe!

Y de repente se  vino abajo uno de los pilares básicos de mi existencia. Las galletas Mega Duo de Gullón son mucho más grandes (como demuestra la ilustrativa foto), tienen más y mejor chocolate, y la masa de la galleta está más rica, sin más. Los amantes de mojar valorarán como yo que la galleta no está satinada, vamos, que no es como las doradas. Las mega Duo de Gullón se reblandecen enseguida, incluso con el Cola Cao frío.

No sé dónde ni como las consiguió, pero si las veis alguna vez, no dejéis pasar la oportunidad y comprad varias cajas.

11 ene. 2010

El cambio climático de la semana pasada


Hoy me he levantado como si viviera en Los Alpes.

Aunque el tema de la contaminación y el desarrollo sostenible me preocupa, tengo que confesar que el cambio climático me tiene bastante despistado y no sé si se manifiesta cuando hace mucho calor, cuando hace poco, cuando hay sequía, cuando llueve demasiado, o cuando caen este tipo de nevadas. Y si admito que este espectáculo es culpa de la contaminación y el CO2, me siento como un judío enamorado de la hija de un coronel nazi.



Las fotos están hechas a primera hora de la mañana desde mi casa, en Torrelodones. Tal fue la impresionante imagen que me encontré, que me atreví a hacer la segunda foto saliendo a la terraza, sin antes cambiar el pijama (miento, eran calzoncillos) por una ropa más apropiada.

Y mientras todos los medios y noticieros avanzaban la debacle y el caos en las calles y carreteras de Madrid, yo me moría de ganas por salir a dejar mi rodada en la nieve virgen.

Allá voy.

7 ene. 2010

Frank Braña


El martes pasado, yendo de Madrid hacia Asturias, paramos en la estación de Tapia de Río Seco, que es la última antes de meterse de lleno en la Autopista del Huerna (ese canto al peralte invertido) y realmente la primera y única desde que coges la A66, allá por Benavente.

A parte de la duda que siempre se me plantea en situaciones de frío polar y ventisca, a saber: "¿merece la pena ponerse al abrigo para recorrer los 5 metros que separan el coche de la entrada al bar?", a parte de este eterno dilema, digo, las estaciones de servicio son lugares que nunca me dejan indiferentes. Otro día hablaré de ello, pero hoy quiero relatar un hallazgo que me ha tenido desde entonces navegando por Google, buscando más información sobre el fruto de mi descubrimiento.

Mientras paseaba por la cafetería (por supuesto sin chaqueta) haciendo lo que siempre se ha denominado como "estirar las piernas", me llamó la atención una foto muy cinematográfica, en la que un cachas era retratado en plena escena de película del oeste. Pero no fue la foto en sí, sino la dedicatoria, lo que despertó mi interés: Para mi amigo José Luis, de Frank Braña.

Empecé a fijarme y resulta que había un montón de fotos dedicadas por el tal Frank Braña, pertenecientes a distintas épocas de su vida, desde su más fornida juventuz hasta su más madura madurez (incluida una en la que hacía pareja con Sandocan "hijo", un tipo clavado a Sandocan, pero que por la fecha de la dedicatoria y el aspecto envejecido de mi nuevo ídolo, tenía que ser, por pelotas, el hijo).

Terminamos la parada, volvió el absurdo dilema de la chaqueta (esta vez a la inversa), e inicié el viaje con la firme determinación de descubrir quien era el tal Frank Braña, y el por qué de su duradera amistad con José Luis, presunto dueño de la estación de servicio.

Ahora ya sé que Frank Braña es un insigne actor asturiano nacido en Pola de Allande, que participó en más de 160 películas nacionales e internacionales, incluidas "Por un puñado de dólares" y "El bueno, el feo y el malo", bordando como ningún otro el papel de malo en los spaguetti western.

Todo un carismático personaje que ha encontrado su santuario en la estación de servicio de Tapia de Rioseco.