12 may. 2013

Crónica resumida de la promoción de un libro

Escribir un libro es fácil. Entiéndeme, si tienes un boli o un procesador de textos, te pones a juntar letras y hala, escribes un libro. Otra cosa es que sea bueno o malo, pero escribirlo no tiene mayor mérito. El logro es que te lo publiquen. Otra cosa es que sea bueno o malo (esto ya lo he dicho, ¿no?).

Firmar un contrato con la Editorial Planeta es una experiencia de la que se puede presumir, así que me vaís a perdonar si os doy un poco la brasa con ello, ¿verdad? Gracias.

Con la publicación llegan una serie de experiencias, la más impactante y novedosa de las cuales es la promoción. La gente normal como yo, no estamos acostumbrados a hacer promoción en medios. Aunque os cueste creerlo, habitualmente no veo mi nombre en las páginas de ningún diario, ni me llaman de la radio ni voy a ninguna tele, ni si quiera local.

Y cuándo te toca, es cuándo te das cuenta del mérito que tienen todos esos personajes que se ponen tan panchamente delante de un micrófono, y hablan en directo con toda naturalidad, ya sea Punset o Belén Esteban. De hecho, creo que tiene más mérito lo de Belén Esteban, porque Punset tiene más a lo que agarrarse.

A mí me llamaron siempre para hablar de mi libro, lo que a priori no debería tener mayor complicación, teniendo en cuenta que lo he escrito yo. Pero el acongoje de hablar para tanta gente, y la responsabilidad de estar ante oportunidades únicas, sin la posibilidad de borrar y sobrescribir si me equivocaba, hicieron que me enfrentara a cada entrevista como si fuera un examen de selectividad (o de reválida, que ya no sé lo que es ahora ni lo que era antes).

Y como en cualquier examen, tuve errores y aciertos:

En algún programa cometí el error de decir muchos tacos.
En cambio no cometí el error de preguntar, “¿esto realmente lo escucha alguien?

En otros cometí el error de tratar de hablar del libro en serio.
En cambio no cometí el error de exigir toallas y Vichy Catalán en el estudio.

Alguna vez cometí el error de no dejar hablar a los entrevistadores (los expertos lo llaman “miedo al silencio”). Pero no carraspeé ni y tragué flemas encima del micrófono o auricular.

Cometí el error de burlarme reiteradas veces del baby mugging, esa ridícula afición (otra vez, es que no aprendo…) de hacerles fotos a bebés, como si estuvieran metidos en tazas. En cambio no llegué borracho a ninguna entrevista (ganas no me faltaron).

Dejé a un medio colgado (por circunstancias ajenas a mi voluntad, y pese a lo cual fui tratado de manera innecesariamente descortés e injusta), pero nunca me hice el malote, ni busqué artificialmente la polémica para llamar la atención de los responsables de Tele 5.

Repetí veinte veces palabras y latiguillos en una misma entrevista, dije cosas sin sentido, dudé, me atropellé, tartamudeé, aburrí; pero creo que Sofía Mazagatos puede respirar tranquila, su reinado permanece intacto.

Hubo entrevistas más monótonas y aburridas, y otras más divertidas y dinámicas. Pero por lo general creo que he salido bien parado ante todos los que me escucharon.

Abajo os dejo unos links que he recopilado para que juzguéis vosotros mismos, si es que vuestra vida es tan aburrida como para perder el tiempo escuchando más de una entrevista mía.

La experiencia también me ha servido para aprender cosas:

Aprendí que, después de decir algo supuestamente gracioso, tengo que reírme y no esperar a que se rían los entrevistadores, porque probablemente no lo harán. Es el mismo mecanismo que justifica las risas enlatadas en las series malas: se ponen risas para avisar del chiste. Las buenas series y la gente graciosa no lo necesitan. Yo sí.

Pero lo más importante que aprendí, es que da igual lo que me pregunten, lo importante es lo que yo responda.

Este aparente sinsentido lo había observado en las entrevistas a políticos, pero ahora he experimentado en mis propias carnes su grandiosa utilidad. Con esta lección bien aprendida todo es más fácil. Es como si para el examen de selectividad bastase con estudiar 5 o 6 preguntas de memoria, y con ellas aprobases, cayeran o no.

¿Anécdotas? Pocas y no muy destacables. Me quedo con dos:

La primera fue la sorpresa que me llevé en la entrevista con Radio Santamaría, emisora diocesana del Archidiócesis de Toledo. Con estos títulos y atributos imaginaba yo que no iban a estar muy en la onda no ñoña, y que tendría que ser especialmente cuidadoso para no ofender a alguien sin darme cuenta, al hablar, por ejemplo, de la moda bebé. Y en cambio, lo primero que dice la periodista nada más presentarme, es que le alegraba mucho hablar conmigo, porque era seguidora de Noñoño desde hacía tiempo… a partir de ahí, os podéis imaginar. La mejor entrevista de todas y en la única que me olvidé de que estaba en el aire, en plena promoción. Desde aquí un besazo enorme a Teresa Martín- Tadeo, si me estás oyendo.

La segunda anécdota refleja el estado de nervios en el que me pude llegar a encontrar: me llamaron para salir en directo en el magazine Guadalajara al Día, de la Televisión Local de Guadalajara. Salí de Madrid con tiempo de sobra, para cubrir cualquier imprevisto. Y de repente, cuando estoy ya a veintitantos kilómetros de Madrid por la A2, me asalta una duda tan terrible, que casi se me para el corazón, “¡¿A Guadalajara se va por la A2?!” Fue un flash horrible, estuve a punto de desafiar a la seguridad vial llamando a mi mujer por teléfono (no es que hubiera servido de nada, pero en esos momentos fue lo que se me ocurrió). Afortunadamente, en ese preciso instante apareció un cartel que confirmaba que iba bien. Aún así el susto me duró horas.

Curiosamente, la de la tele fue de las más divertidas, y sin duda la más golfa. Miradla bien, es la primera (y probablemente la última) vez que salgo en la tele.

Ahí lo dejo.
En la tele dije muchos tacos, según me confirmó la magísima Estefanía Nussio.

La entrevista con Ramón García, en la Cope. Qué bien se portó conmigo el tío.
En Onda Madrid, la primera de todas. No les dejé hablar y sobrerrepetí el prefijo "sobre".
El millor de cada casa. Me lo pasé muy bien.
Con María Villardón, de Gestiona Radio, hubo muy buen rollo también antes y después de la entrevista.
En Tolerancia Cero, un honor que me hicieran un hueco en un programa que trata de algo tan serio.



7 comentarios:

  1. BUeno amigo, estoy en la oficina de lunes y acabo de llegar, pero prometo oir y ver cada uno de los enlaces, ya que según anunciabas tus intervenciones via twitter, no pude acudir al momentazo.... cosas del directo ;-)

    Veo que ni tal mal...

    Lo dicho adelante con esa promoción noñoña y a venderrrrr

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    1. Está muy bien pensado lo de comentar antes de oirlo. Así quedas bien sin necesidad de mentir... pero el 8J leeré la verdad en tus ojos.

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  2. Veo que estás viviendo un cúmulo de nuevas experiencias y seguro que aunque en determinados momentos a lo mejor piensas eso de "tierra trágame" cuando en un futuro mires atrás seguro que te partes de risa. Me alegra ver (y leer) como nuevos escritores se abren una brecha en este mundo de las editoriales. Enhorabuena y que dure muuucho.
    Un saludo :)

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    1. Lo cierto es que se didfruta, y los nervios se han ido moderando mucho.
      Bss

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  3. Muy valiente reconocer errores! Bravo!

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    1. jeje, no tiene sentido esoconder los errores cometidos en público.

      Bicos.

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  4. Muy valiente reconocer errores! Bravo!

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