Una
de las cosas que más pánico nos da a los padres es que los niños pinten las
paredes. Bueno, a los padres y a los Ayuntamientos. Algo enigmático tienen las
paredes para que resulten tan tentadoras para unos y tan intocables para otros.
Aunque
no comparto el estilo pictórico abstracto de muchos niños de 2 años, tengo que
reconocer que los tabiques también me atraen. Son como enormes y provocativos
lienzos esperando a que dejes tu impronta en forma de garabato. Muchas veces he
sentido ganas de pedirle a alguien con buen trazo, que me tatuase algo chulo en la pared más visible del salón. Pero no me he
atrevido.
En
cambio hay quien es más valiente, y en vez de pedirles a los niños que no
pinten las paredes, se las pintan de arriba abajo. Para gustos hay colores,
pero en general es una idea molona.
(Si
os interesa contactar con el pintor, enviarme un mail a ata@nosoynono.es. No es un profesional,
pero podemos intentar convencerle).


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