Esta frase no la pronunció un afamado cocinero, ni un crítico de la Guía Michelín, ni el insigne experto encargado de la sección restaurantes/ gastronomía de un periódico nacional. Ha tenido que ser un niño de casi tres años, el que con sutileza pero contundencia asesta un golpe directo a la línea de flotación del “menú system” establecido: el yogur no es postre (y aunque no lo dice, la pera tampoco)."No quiero yogur, quiero postre". Esta aseveración sin concesiones debería suponer una llamada de atención a todos los regentes de bares de menú para que reconsideren su actitud, y entiendan que natillas, flan y helado SÍ, pero yogur natural y pera NO.
Queda abierto el debate de la macedonia.
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