15 ene 2010

“No quiero yogur, quiero postre”

Esta frase no la pronunció un afamado cocinero, ni un crítico de la Guía Michelín, ni el insigne experto encargado de la sección restaurantes/ gastronomía de un periódico nacional. Ha tenido que ser un niño de casi tres años, el que con sutileza pero contundencia asesta un golpe directo a la línea de flotación del “menú system” establecido: el yogur no es postre (y aunque no lo dice, la pera tampoco).

"No quiero yogur, quiero postre". Esta aseveración sin concesiones debería suponer una llamada de atención a todos los regentes de bares de menú para que reconsideren su actitud, y entiendan que natillas, flan y helado SÍ, pero yogur natural y pera NO.

Queda abierto el debate de la macedonia.

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