22 ene. 2010

¿Vale?, ¿o no vale?

Cuando mi hijo empezó a hablar un poco, a los dos años y pico, cogió la manía de repetir continuamente la palabra “¿vale?”. Era algo que ya había escuchado en otros niños y que no me gustaba, porque suena entre impositivo y chulesco. Es como rematar la frase con un “¿estamos?”: “ahora estoy jugando, ¿estamos?”.

Evidentemente los críos no tienen la culpa porque se lo han escuchado a alguien, alguien que SÍ tiene la culpa. Alguien a quién me propuse desenmascarar.

Así que empecé a prestar atención entre las personas cercanas al niño y descubrí que su padre (o sea, yo) remataba cada cosa que le decía con la puñetera coletilla: “ahora te pones el pijama y luego leemos un cuento, ¿vale?”, “ te comes los espaguetis y luego te doy un postre, ¿vale?”, “tienes que dejar a papá escribir en el blog y luego salimos a jugar, ¿vale?”.

Es curioso que no me diera cuenta hasta que se lo oí a él, y es también curioso lo que me costó y me cuesta evitar la palabreja. Es como si cualquier cosa que le digo estuviese irremediablemente condenada a terminar así. El cerebro me lleva continua e inconscientemente a acabar cada frase que le digo con un “¿vale?”, y aunque a veces logro evitar pronunciarlo, pensar lo pienso siempre.

En realidad este post lo escirbí para El Club Parenting, pero aquí tampoco desentona, ¿vale?

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