1 abr. 2013

Qué asco lo de Feijóo

Cuando tenía 6 años empecé a esquiar con un grupo organizado por el cole. Salíamos los sábados desde Gijón en autobús hasta Pajares, acompañados de 3 o 4 adultos. Por aquel entonces todo era más difícil e incómodo. La recuerdo como una época gris: el frío era más frío, la humedad era más húmeda, el peso era más pesado, y el simple hecho de quitarse las botas de descanso y ponerse las de ski, era toda una odisea.

Yo era un crío y hace 35 años el equipamiento era mucho más aparatoso de lo que lo es ahora: no existían las prendas técnicas (al menos a nivel usuario), nada de forros polares ni Goretex, así que el frío y la humedad se combatían a base de capas y capas de ropa de grosores imposibles. Aún no entiendo cómo lo soportaba. Yo, que no puedo ponerme encima nada de punto, que siento pánico con los jerseys de cuello vuelto y sudores fríos con los leotardos, y que cuando veo a un crío con pasamontañas de lana tengo que mirar hacia otro lado, porque me empieza a picar todo el cuerpo y todo el alma (“verdugos” llamábamos en mi tierra a esos gorros insufribles).

Pero había una cosa que odiaba sobre manera, la empalagosa guinda que culminaba aquel asqueroso pastel embutido que era yo: la crema. Odiaba y odio la crema. Es un odio africano, peligroso e inconveniente, porque huyo de la protección solar (cualquier día se me cae la piel a cachos) y de las chicas con mucho maquillaje. Pero es que no soporto sentirme pringoso, untuoso, resbaloso, grasiento. Me supera.

Es uno de esos traumas que arrastro desde la infancia y miro a quiénes se echan cremas como si fueran faquires: ¡¿cómo es posible que lo aguanten?!

En el colmo de esa tolerancia a la crema están los que la llevan sin extender. Incomprensible.

La foto de Feijóo en el barco del contrabandista con la crema sin extender me resulta tan asquerosa como las imágenes del aventurero de Discovery que se dedica a comer cualquier mierda que encuentre, como prueba de su capacidad de supervivencia. Me puede. Me mata de asco.

Lo otro, lo del contrabandista, eso es anecdótico. Que un tipo ambiciosillo se codee con los poderosos no debería extrañar a nadie. El juego es así. La gente honrada no manda. Las polémicas fotos son con un contrabandista, pero seguro que hay muchas otras con políticos corruptos, con empresarios caciques, con obispos mentirosos, con periodistas manipuladores, etc. Eso es lo normal, pero lo de la crema…

4 comentarios:

  1. Contrabandista y narcotraficante... que no se nos pase por alto ese detalle!

    Yo también odio las cremas, pero de hace unos años para aquí no me queda otra porque quemo con toda la facilidad del mundo. Antes no me pasaba. No se puede hacer vieyu uno.

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    1. Vete con cuidadín, que se empieza por la crema y se termina en el narcotráfico, o en el PP!!

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  2. Muy bueno como siempre, lo dicho seguramente te enlace la semana que viene.

    Saludos sin crema ;-)

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    1. Cuando quieras, cómo siempre (también sin crema).

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