Imaginaos ir al desierto en botas de agua “por si un día llueve”. Pues este planteamiento tan ridículo a menudo guía las decisiones domésticas, grandes o pequeñas. Por ejemplo:
Al comprar en el super: coge 24 SIN, por si algún día tenemos de invitada a una embrazada... y ahí se quedan, hasta que caducan.
Al comprar ropa: que sobren 5 cm. de bajo, por si encojen… y vas pisándote los pantalones hasta que están pa tirar.
Al comprar coche: necesitamos un familiar, para que quepan las maletas con la sillita, por si algún día vamos de vacaciones… y todos los días por Madrid, en una enorme ranchera vacía.
Al comprar casa: con 8 habitaciones, por si un día vienen unos amigos de Cádiz a pasar el Carnaval… y vives en una casa subdividida en minúsculos departamentos inutilizados e inutilizables.
En mi casa vivimos tentados continuamente, pero vamos ganando esta batalla contra el absurdo. Pero tampoco voy a decirlo muy alto, por si acaso.

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