26 ago. 2010

Peluquerías y demás

El otro día coincidí en la cola de la pescadería del super con un vecino. El tipo es serio, sieso, soso, seco, y cualquiera juraría que no es feliz con sólo verle un instante. En la urba apenas nos saludamos, pero al encontrarnos lejos de casa se imponía una actitud más cordial. Algo parecido a lo que ocurre cuando te encuentras con uno de Murcia: si el encuentro es en Murcia no hay ni que saludarse, pero si el encuentro es en Nepal, efusivos abrazos y festivo alborozo.

El camino más evidente para romper el hielo fue hablar de los niños, porque nos acompañaban en ambos casos. Lo de los críos derivó en lo difícil que me resula a veces porque yo trabajo en casa, y él se vio obligado a corresponder informándome de sus ocupaciones:

-    tengo peluquerías  y demás.

No recuerdo si dijo “tengo”, o “me dedico”, o no sé, lo que quedó claro es que él o su familia tenían “peluquerías… y demás”.

Desde entonces la frase no se me va de la cabeza, y su vida, que antes me importaba un bledo, se ha convertido en un enigma que me intriga, ¿a qué demás se dedicará, tan evidentemente vinculado a las peluquerías, pero que yo he sido incapaz de relacionar?

Si alguien tiene alguna pista la escucharé encantado.

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